En el verano del 2007, el periodista Sebastian Junger y el fotógrafo Tim Hetherington llegaron a la base militar estadounidense establecida en el valle de Korengal, al este de Afganistán, en una zona fronteriza con Pakistán. El objetivo no era contar un episodio más de la guerra, ni tampoco hacer una estampa informativa; era indagar en “cómo es servir en una sección de infantería de combate del ejército de los Estados Unidos”. El foco, por tanto, se puso sobre los soldados y su experiencia en el combate en uno de los territorios de mayor conflictividad del país. Para conseguir su propósito, los periodistas decidieron acompañar durante meses a los soldados del PAK (Puesto Avanzado de Korengal). El resultado fue el documental Restrepo, firmado al alimón por ambos periodistas, y el libro titulado Guerra, publicado en el 2011 por Sebastian Junger.

Guerra no sigue una línea cronológica fija ni tiene prejuicios: combina el diario con la crónica periodística, narrada con pulso y sin retoricismos, junto con el ensayo antropológico (no en vano Junger estudió antropología en la universidad).

El libro se divide en tres capítulos, Temer, Matar y Amar, que abordan en distinta profundidad los grandes temas del libro: el pasado y la identidad de los soldados, en particular de los que conoce con mayor cercanía Junger en la llamada base Restrepo, una posición avanzada en lo alto del valle; la muerte, el miedo a la muerte y el dolor que causa perder a compañeros; la adicción que provoca el enfrentamiento armado; y, finalmente, los lazos que se crean en torno a los soldados, lo que les hermana en una experiencia imborrable y, seguramente, insuperable el resto de sus vidas.

Lo que parecía que iba a ser una narración sobre las vicisitudes de la guerra se vuelve un texto ambicioso sobre el amor a los compañeros y la necesidad de la tribu. Habitualmente hablamos de la parte de destrucción que conlleva la guerra. Sin duda, ese lado está. Pero también hay que preguntarse sobre qué hace la guerra sobre los hombres que luchan y sobre cómo nace en muchos de ellos un sentido del sacrificio y la entrega en nombre de valores que creíamos perdidos. “Yo daría mi vida para que ellos puedan vivir. Eso me parece que vale la pena. Y todos ellos lo harían por mí”, afirma un soldado en una ocasión. De ese tipo de valores estamos hablando.

Al final del libro, hay un epílogo y una confesión. Terminada la estancia en la base, tras quince meses de guerra, los soldados parten a una base militar en Italia, desde la que volarán a Estados Unidos. Ahí aparece uno de los temas que abordará Junger en su libro de 2017, Tribu: la dificultad de los veteranos para reintegrarse en la sociedad. Junger rompe ahí la postura observadora del periodista y revela que la experiencia vivida a él también le ha transformado. Y se pregunta cómo se puede volver después a casa…