I

El consumidor es el hombre sin atributos, apelado solo en calidad de agente de intercambio, esto es, comprador, un dispositivo de cifras. Numeralgia.

II

El consumidor es despojado de sus responsabilidades morales y sociales. Busca en función de la oferta y la demanda y, por tanto, solo puede ser atraído con argumentos que retornen un beneficio material o económico, es decir, felicidad satisfecha por un objeto, producto o consumo, o felicidad satisfecha por un intercambio monetario.

III

El consumidor es resultado de un dibujo a pequeña escala, de un marco que solo ofrece la relación entre la mercancía y el comprador y olvida, borra o desconecta toda la cadena de causas y consecuencias del acto de producción y de consumo. El consumidor reclama así su inocencia desde el principio más ingenuo: la compra desconoce la historia de la mercancía.

IV

El consumidor responsable es un oxímoron, según la creencia del punto I.

V

El consumidor individual crea y destruye a pequeña escala, y es la suma de todos estos miles, cientos de miles, millones de consumidores, lo que genera un consumo colectivo que crea y destruye a gran escala.

VI

El héroe es aquel que persigue el honor a través del riesgo, decía Bowra; el consumidor es aquel que persigue su honor en el acto de consumir.

VII

El consumidor no es, en principio, antitético de categorías como ciudadano o trabajador. Sin embargo,  dichas categorías pueden ser disueltas o erosionadas si ponen en peligro el credo máximo del consumidor, recogido en el punto VI.

VIII

Todo héroe necesita su antagonista. El del consumidor no es el pobre, pues éste puede ser visto como una enfermedad o un estado larvario del consumidor. El verdadero enemigo es lo que se resiste a ser consumido: lo inefable, lo espiritual, lo emocional, la piedra o la ceniza.

IX

El humano requirió al consumidor hacerse a su piel; ahora el consumidor precede a lo humano.

X

Consumir o ser consumido.

 

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