Todas las temporadas de The Wire en HBO España es el motivo perfecto para hablar de la novela realista del XIX llevada a su culminación, a su agotamiento, a la fiesta extenuante de las calles y sus protagonistas, la única y verdadera obsesión de su principal creador, David Simon.

  1. Del newsroom, la comisaría y las calles al plató de televisión

Antes de que David Simons abandonara definitivamente el periódico “Baltimore Sun” , comenzó a abordar distintos proyectos de variado pelaje, entre otros un reportaje sobre los homicidios en la ciudad de Baltimore (1991), que le permitió entrar en contacto con la HBO, que produjo una serie de dos temporadas basada en el libro. Al tiempo, Simon se puso a colaborar con su compañero Edward Burns, un antiguo policía reconvertido en profesor y escritor, en un proyecto sobre el otro drama de Baltimore: las drogas. A partir de entrevistas a cientos de vecinos de las calles del Dowtown de Baltimore, comido por el abandono urbano y el desempleo, y casi dos años de trabajo, publicaron The Corner, a caballo entre la crónica periodística y el policial, sobre la que la HBO también hizo una miniserie. Ya estaban puestas las bases para The Wire. David Simon y Edward Burns decidieron que era el momento de una serie que dibujara Baltimore en cinco temporadas, cada una de las cuales profundizaría en un estrato de la realidad social de la ciudad. HBO dio luz verde al proyecto y el experiodista y expolicia se pusieron a escribir. El resto es ficción.

  1. El periodismo hecho drama

Ni David Simon ni Edward Burns quería hacer una serie convencional más. Y no por el tema (policías y narcos una vez más enfrentados), sino por el enfoque usado: conversaciones sin cortapisas, personajes complejos sin convenciones facilonas del género, hombres y mujeres luchando por ganar batallas a la corrupción de una ciudad hundida por la falta de esperanza… La metáfora perfecta es el título de la serie, The Wire (algo así como “hilos telefónicos”) y las fotos de promoción de la primera temporada: un magnetófono, tipos que escuchan. Voces. Se trata de escuchar lo que está ahí fuera, meter la realidad por un tubo, y nunca mejor dicho. Y para ello, Simon tira de lo que mejor conoce: el periodismo. Todo su conocimiento y el trabajo previo en Homicide y The Corner lo pone al servicio de The Wire, y el resultado es un retablo impresionante de decenas y decenas de personajes, con sus vidas y sus miserias, que intentan sobrevivir en un mundo sin perdón, en el que sin dinero eres menos que cero, ese de las esquinas de chavales que pasan droga y los mayores sobreviven a duras penas con los subsidios, ese que no suele salir a menudo en la televisión.

  1. El cuarto de redacción

Según avanzaban en la serie, Simon y Burns se veían desbordados por su propia ambición y reclamaron la ayuda de más guionistas. Pero no de cualquiera. Llamaron precisamente a escritores como Richard Price, Denis Lehane (el autor de Mistic River) y George Pelecanos, autores curtidos en el policial más duro. Y entre todos, entre discusiones, talento comprimido en un cuarto y peleas por la toma de decisiones, fueron escribiendo capítulo a capítulo los capítulos de la serie. La primera temporada, en torno a la policía y el narcotráfico; la segunda, sobre el puerto de Baltimore y por extensión el desempleo; la tercera, sobre los adictos a las drogas y el ascenso de un político a la alcaldía; la educación y la falta de oportunidades para los jóvenes en la cuarta; y las tripas de un periódico, muy similar al Baltimore Sun, en la quinta y última. Y el trabajo es tan riguroso y minucioso que uno no puede más que decir: “Guau, esto parece la realidad, no veo la ficción por ningún sitio”. Y eso es jodidamente difícil de hacer en la televisión.

  1. El silencio y los aficionados

Aunque HBO apostó por la serie hasta la quinta y última temporada, The Wire no tuvo apenas audiencia durante su emisión. Rodada por entero en Baltimore, parecía una serie local sobre problemas locales. Ni siquiera fue premiada. Ni con los Emmys ni con ningún premio. Pasó sin pena ni gloria por la parrilla televisiva y terminó de emitirse en el 2008. Pero sus aficionados, una minoría inmensa y apasionada, la salvaron del silencio. Empezaron a correr artículos aquí y allá sobre su calidad, las redes P2P diseminaban sus capítulos por miles de pantallitas de ordenador, los blogueros y las revistas digitales se hacían eco de su calidad, del casting magnífico de sus actores, de la nueva escritura pionera de The Wire. Y es verdad que ya circulaba Mad Men, Breaking Bad y otras, pero nunca olvidamos, como en este artículo, que The Wire nos enseñó que otra televisión era posible, y que era precisamente la que queríamos.

*Artículo publicado originalmente en la web Perroverde.