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Esther García Llovet (Málaga, 1963), escritora de culto, autora de algunos de los títulos más subterráneos y fronterizos del panorama nacional de los últimos años, como Coda (Lengua de Trapo), Submáquina (Salto de Página) o Mamut (Malpaso), nos concede una entrevista vía email.  Directa, precisa, como sus narraciones y su prosa, Esther nos habla de su obra literaria y del cine, la pasión que la acompaña desde hace años  y que quiere arrebatárnosla como escritora.

 

El VARAPALO: Eres una escritora atípica en el panorama nacional. Tu literatura no se adscribe ni a la larga lista de escritores costumbristas (comprometidos o no) ni tampoco a los que autodeclaran rupturistas, escritores pop y otras variantes. Quizá por eso no es fácil circunscribir tu obra, cercana a sensibilidades que la crítica literaria española no tiene muy asumidas. ¿Cómo es posible que Esther García Llovet, una de las escritoras más interesantes de los últimos años, sea todavía una desconocida para el gran público?

15. Las crudas
15. Las crudas

ESTHER GARCÍA LLOVET: Creo que esa es una pregunta que tendría que ir dirigida a los críticos culturales y a los editores, que son quienes tienen que promocionar el trabajo de los escritores. A mí nunca me pareció que un autor tenga que ir más allá de escribir. Yo al menos me limité a escribir y enviar los manuscritos a los editores, con mejor o peor suerte. Nunca me moví nada en el medio, apenas hice conocidos. Quizás ha sido eso también. Pero no sabría decir qué pasó. Tampoco me preocupa ya.

EV: Veo en tu obra una progresiva descomposición y desnudez de elementos. En tu primer libro, Coda, la voz narrativa era muy sólida y fluida. Los cuentos (o las distintas partes del libro) se sentían orgánicos, como piezas escritas de una vez; en Submáquina, tu segundo libro, ensayaste una escritura mucho más seca, cortante. En tu último libro, Mamut, el proceso se ha acentuado—una prosa de frases cortas, de líneas huérfanas, una yuxtaposición de imágenes—. Por eso no me ha sorprendido leer que estás trabajando en un guión y en teatro, aunque tengo entendido que desde el principio has escrito para el cine y documentales. 

EGLL: Yo estudié dirección de cine hace ya 25 años, que era y es mi auténtica pasión. Pero hace 25 años no había industria ni se hacían las películas que me interesaba ver. El cine que se hace ahora aquí es el que quiero ver y hacer, por eso me ha parecido que llegó el momento. El cine es además mucho menos conservador que la literatura. Al menos el cine que me interesa.

EV: Eres, sin duda, una escritora de literatura portátil, según el término acuñado por Vila-Matas. Cuentos, novelas cortas, que se caracterizan por borrar las fronteras de los géneros. En Coda, los cuentos dialogan entre sí, y los personajes saltaban de uno a otro; en Submáquina, algo parecido, aunque muchos de los cuentos (o lo que fueran) se sentían como pedazos de novelas en proceso, como si fueran trozos de una película que hemos pillado empezada y que nos muestra una escena total, que lo dice todo. Mamut, que es, de las obras tuyas que he leído, la que cuenta un relato más largo, tiene también elementos díscolos, como capítulos que dejan leerse de manera autónoma y líneas narrativas abiertas, igual que su final. Tu obra entera se lee como un estirón violento de las costuras del cuento, cercano a autores como Carver o Cheever. 

EGLL: No soy nada disciplinada, más bien impulsiva. Sí escribo a diario, o casi, pero sin una línea clara de lo que estoy haciendo, que suele aparecer sobre la marcha. Como me encuentro muy cómoda en las distancias cortas, suelo arrancar de relatos y de ahí parten “spin-offs” para otros personajes o situaciones. Sólo en Las crudas me propuse escribir de manera lineal o más convencional, para no repetir como en Coda y Submáquina, que fueron hasta el último momento un “work in progres”

mamutEV: Hay dos elementos en tu obra que te alejan de tus coetáneos. El primero es la atmósfera: tus libros trabajan mucho la ambientación, los tonos y las texturas de los espacios por los que cruzan los personajes. Hay casi, yo diría, una obsesión por que tus textos tengan su propio aliento, su propia atmósfera. ¿Por qué esa preocupación por la atmósfera, algo no tan común en la literatura española?

EGLL: Soy más sensorial que racional. Me influye mucho la luz, los matices de temperatura de la luz, y muy especialmente el movimiento, me refiero a todo esto en lo personal, que al fin y al cabo es también lo literario. Lo que queda claro es que no soy una intelectual (ni lo quiero ser).

EV: Quizá este aspecto conecta tu obra con la literatura policiaca, aunque tus libros se empeñan en evitar las convenciones de ese género y el fundamental de todos: la investigación detectivesca de un crimen.

EGLL: El crimen está siempre ahí. Sólo hay que encontrarlo.

EV: El otro elemento, causante del anterior yo diría, es la imagen. La imagen en el sentido de que el narrador suele dar prioridad a sus sensaciones visuales más que a sus digresiones. La instantánea más que el soliloquio, que en España se usa hasta la extenuación. Tus libros, poderosos en sus imágenes y en los viajes que proponen, son claramente un forcejeo entre las imágenes y las palabras, lo que los conecta con autores como Bolaño (de quien has hablado con admiración muchas veces), pero también con Cormac McCarthy, otro autor obesionado por una narración muy visual. ¿Ha sido un proceso consciente? ¿Viene de tu querencia por el cine o por esa literatura más visual?

EGLL: Me parece muy condescendiente, o más bien aburrido, tener que darle todo masticado al lector. Al lector creo que siempre hay que dejarle su espacio para que interprete, para que regule, para que haga lo que quiera con el texto que tiene delante. Eso no quiere decir que a mí me disguste este tipo de literatura, siempre y cuando no me abrume. Hace poco leí Train Dreams de Denis Jonson, que me parece maravilloso por cómo consigue plastificar el texto en este sentido. Su maestría del lenguaje y de la imagen. Muy grande.

EV: Hay escritores a los que les persigue más que un tema, una visión, una imagen que se graba y se repite una y otra en sus libros. Me gustaría que nos hablaras de algunas de ellas, si son deliberadas, insconscientes, sin son símbolos o nacen sin intención. Por ejemplo, la frontera, clave en tus dos primeros libros.

EGLL: La frontera es la tierra de nadie y el anonimato. Lo asilvestrado, lo que no es urbano. Yo vivo en los límites de Madrid, el centro siempre es más evidente, todo tiene nombre ahí, no hay sitio para los espontáneo.

EV: Otra, los no-lugares, los espacios anodinos que se comen la identidad de los personajes. Pensando sobre todo en Coda

EGLL: Para mí los no-lugares no tienen nada de anodinos. En realidad es donde se manifiesta quién es uno realmente, cuando se aparta de los establecido y de la marca. La identidad se recupera ahí, no se pierde. O sólo la pierden las que no la tenían.

EV: Otra visión, o mejor dicho un núcleo dramático de tus libros, es el viaje. Los personajes siempre están a punto de marcharse o de huir a alguna parte. Mamut, tu último libro, culmina de alguna forma esa obsesión, y lo que parece un western termina convirtiéndose en un drama psicológico y en un viaje interior…

EGLL: Sí, pero creo que eso tiene que ver con una incapacidad mía para estar quieta, tengo que estar siempre en movimiento, creo que para quemar energía. Creo que a los gitanos antes los enterraban de pie, para que pudieran seguir andando después de muertos. A mí me gustaría lo mismo. O mejor, que no me entierren.

EV: Otra, las desapariciones y la estética de la desaparición…

EGLL: La desaparición es el subtexto de toda la literatura universal.

CodaEV: Por último, los lugares del Mal: las cárceles, las fronteras, la periferia, las casas aisladas… Y otra vez, el espacio, que es una de tus obsesiones, que te conecta con el escritor que más y mejor lo ha trazado que es Iain Sinclair.

EGLL: Cualquier cosa que me conecte con Sinclair será siempre bienvenida. Cuando me pidieron un relato en Caballo de Troya sobre Madrid me hice la M30 caminando, que es algo que siempre quise hacer, incluso antes de leer a Sinclair

EV: A tu obra, que muestra una coherencia en sus planteamientos y en su estética, sin embargo le cuesta ganar presencia en los suplementos, en los premios, en las grandes editoriales. ¿Qué tal lo llevas? Hace poco nos hablaba Manuel Vilas de lo difícil que era ganarse la vida como escritor en España, y lo decía un escritor reconocido, con una gran editorial a sus espaldas. ¿Cómo lo ves? ¿Quieres opinar algo acerca del panorama laboral e institucional alrededor del gremio de los escritores?

EGLL: Mejor que no. Me interesaba poco cuando escribía libros, ahora que ya no los escribo todavía menos.

EV: Háblanos del cine, tu otra gran pasión. ¿De dónde viene? ¿Por qué la literatura ha llegado antes? ¿Te gustaría hacer cine? Y no me refiero a escribir un guión, sino a dirigir.

EGLL: Claro que sí. Ahora en octubre dirijo mi primer corto y otro en enero y he empezado a escribir el guión de un largo que dirigiré yo misma. El cine es más limpio, más veraz, hay más sangre ahí, más vísceras. Una de las cosas que más estoy disfrutando ahora que me voy a dedicar al cine es que la gente con la que trabajas es menos autista, tiene los pies en la tierra, nos necesitamos entre nosotros, y eso es mucho más sano que en el gremio literario.

EV: Hay un cine español último (o una narrativa gráfica)  más cercano a tu sensibilidad como escritora, y no es casual, creo, que Mamut te lo presentara Jordi Costa, por ejemplo. Estoy pensando ahora mismo en el cine de Carlos Vermut o en cómics como SOUL de Fernando de Felipe. No sé si lo compartes..

EGLL: Carlos Vermut es un crack. Y Pablo Hernando. Y Juan Cavestany. Son autores de imagen pura y dura, que es lo que comparto. La imagen habla por sí sola. Res ipsa loquitor.

EV: Además de tu faceta de escritora, te has dedicado al periodismo cultural y recientemente a la traducción. Háblanos de este último trabajo, la traducción de Fachadas, de Eric Lungred, editado por Malpaso. Me vienen a la cabeza muchos grandes escritores que han sido traductores (Borges, Nabokov, Proust), pero en el panorama nacional español hay pocos que hayan destacado en ambas ramas, con la salvedad de Javier Calvo, creo.

EGLL: Bien, yo leo casi exclusivamente en inglés, la literatura que me gusta es la norteamericana, y veo cine también casi exclusivamente norteamericana (con salvedades, claro). Me pareció el momento de empezar a traducir, porque además me proporciona algo de dinero, eso que como autora no he conseguido ni remotamente. ¿Javier Calvo? Ojalá yo tradujera o escribiera como la sombra de su sombra. Es de los pocos escritores españoles que me gustan y admiro

EV: ¿Con qué tradición literaria española te sientes más cómoda? ¿Sientes una deuda con autores españoles o crees que tu literatura debe gratitud más a otras latitudes y fronteras?

EGLL: La literatura norteamericana y la inglesa. De arriba a abajo. También la argentina. Me gustan mucho Aira y Saer. Mucho.

EV:¿Qué estás leyendo ahora? ¿Qué es lo último que has leído y que te ha sacudido?

EGLL: Ayer compré Let me be Frank with you de Richard Ford y Sex Obsessions de Crumb. Me gustan mucho los dos, cada uno en su género, porque escriben o dibujan como respiran. Por decirlo claramente ya: no me gusta nada la pedantería. Y aún menos la falta de sentido del humor

EV: ¿Eres también fanática de las series de televisón, como medio país?

EGLL: Buah, tengo una tele de hace diez años y sólo veo realities y reposiciones de pelis que veo a la mitad y cambio de canal. No veo series y no sé por qué. Creo que es falta de paciencia.

EV: Creo que lo último en lo que estás trabajando en un guión. ¿Por qué? Esperemos que no renuncies a la literatura, por el bien de la literatura española, aunque sé que tu última novela se titula Cómo dejar de escribir.

EGLL: Sí, ahora que me paso al cine por fin dejo de escribir novelas, algún relato si me lo piden y me lo pagan. A la literatura española le va a ir muy bien sin mí. Ni se va a enterar.

EV: Mil gracias y un beso muy fuerte.

EGLL: Gracias a ti.

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