Si te dicen que caíSi te dicen que caí es la gran novela de Juan Marsé, y aunque por acá  he podido parecer desagradecido con alguna de sus obras, ahora solo imagino elogios, palabras sobre su trabajo excepcional, ideas para lectores que aún no conozcan este libro y que deberían leer sin falta y sin prisas, degustándolo, porque este es uno de esos relatos de un tiempo extinto en el que la literatura española exigía, despreciaba y crecía. Aquí está contenido todo el universo de Marsé llevado hasta su extenuación, hasta su culmen, y tal vez por eso se escucha tanto  el tópico de que hay un Marsé antes y después de Si te dicen que caí. Quizá sería más exacto decir que  es su novela más ambiciosa, más trabajada y menos de oficio, que no tuvo continuación porque las novelas que escribió después Marsé no contienen el derroche técnico y de voces de ésta. Antes y después un Marsé calmo, maestro en la narración, habilidoso en los ritmos y en las escenas y en el lirismo de la prosa; y enmedio, como un tajo, Si te dicen que caí, la gran novela sobre la imaginación de los desheredados, quienes lucharon a su manera contra los que les quisieron arrebatar sus sueños más íntimos y locuaces, la novela, en defintiva, sobre la infancia durante una posguerra durísima en una España asfixiante y asfixiada. Como pasa en tantos grandes relatos, a veces da la sensación de que Si te dicen que caí es magistral por accidente; es decir, que  la fuerza de su matriz y de sus episodios no reside tanto en la perspicacia y en la sabidura de Juan Marsé sino por los narradores que brotan, autónomos y desgajados de su autor, emocionales, intrépidos, vivísimos, que pugnan por contar sus historias con uñas y dientes porque esas historias les conforman, les han hecho lo que son, les dan un sentido de alguna forma. De ahí que la otra gran línea narrativa de Si te dicen que caí sea, junto con los recuerdos de la infancia arrasada, la necesidad de la invención:  urdir mentiras como una de las formas de la supervivencia.

En días recientes, mi amigo Francisco Carrillo publicó un artículo estupendo sobre los relatos y los testimonios nacidos en los campos de exterminios nazis, donde afirma, entre otras cosas, que la verdad era necesaria para seguir viviendo. Vivir para contarlo, en fin. Pues bien,  Si te dicen que caí defendería, de alguna forma, la tesis contraria: vivir  los años de plomo “soñando como niños” era la única artimaña que quedaba para  hacerlos soportables . Vivir para imaginar, desprendidos de un cuerpo y de un lugar que aplastan como una losa… Por eso tantas veces, perdemos la voz de quien cuenta en Si te dicen que caí, y confundimos los hechos “reales” con los recreados, evocados o simplemente ficcionalizados. La voz sobresale, al igual que la cabeza del nadador por encima de las aguas, para que las mentiras hablen con más precisión que los hechos, siempre confusos y reacios a la materia verbal. Quizá por eso Si te dicen que caí es una novela tan prodigiosa: se siente en ella la transformación por la que su autor pasó para escribirla y, finalmente, para aceptarse como lo que era, un fabulador. Habrá que buscar alguna efeméride absurda, un  conteo redondo de años o una lista de títulos para un post apresurado para celebrar este relato de memorias contra la memoria.