La fotografía de Pablo López Luz es un asalto al paisaje fracturado, una visión sin atisbos de idealismo estético a la ciudad que nace a cada instante, no a  la de los planes de ordenación urbana ni a la que pertenecen las zonas recuperadas para la bondad del turismo, sino a la que de verdad sucede, normalmente en los márgenes, en los límites mismos del territorio, periferia por definición. Uno de los ganadores del 2013 Syngenta Potography Award, el trabajo de Pablo López Luz gira en torno a la belleza y a la desolación roturada por el desarrollo urbano, a la manera del famoso fotógrafo Edward Burtynsky, del que ya habíamos hablado en El Varapalo a propósito del magnífico documental sobre su trabajo, Manufactured Landscapes. Sin embargo, a diferencia de Burtynsky, en el trabajo de Pablo López Luz el tratamiento del paisaje es más crudo (como afirma el título de uno de sus libros de fotografía), menos equilibrado,  sucio en su prisma y en su filosofía. Burtynsky es aún un esteta; Pablo López Luz tiene algo de retratista desapasionado de la megalópolis.

No sorprende que uno de los temas principales de su obra sea la Ciudad de México, su lugar de nacimiento y residencia, y en particular las inmensas barriadas  que ocupan colinas y valles y lomas, no se sabe si porque sus habitantes han sido expulsados del centro de la ciudad o porque se preparan para asediarlo. Los espacios yermos, machacados por excavadoras y apisonadoras, conviven con ondulaciones urbanas de infraviviendas que se extienden hasta donde alcanza la vista, como en el cerro de la Estrella, en Iztapalapa, donde las casuchas de cemento trepan las laderas. Otro de sus motivos recurrentes son las autopistas en tomas aéreas, que se incrustan con violencia en un paisaje dañado. Una ciudad se abre paso, cueste lo que cueste, por encima de los espacios naturales y sociales.

La fotografía de Pablo López Luz choca con la visión de paisajistas como  José Manuel Ballester, cuyas fotografías sobre las obras de ingeniería de Ferrovial fueron expuestas durante el 2013 en el Caixaforum de Madrid. Si Pablo López Luz siempre muestra el lado de sombra del espacio urbano, el lado ominoso y hostil, José Manuel Ballester  se recrea, de manera más complaciente, en la transformación tecnológica. Los dos miran el paisaje urbano, pero con filtros muy distintos.

Pablo López Luz, tal como afirma el currículum disponible en su web,  formará parte de la exposición colectiva Urbes Mutantes que tendrá lugar en marzo de 2014 en el International Center of Photography de la ciudad de Nueva York.

 

Este contenido forma parte del Dossier Pablo López Luz.
Ver dossier completo.

 

Anuncios