Los pichiciegos, escrita por Rodolfo Fogwill, es una novela publicada por primera vez en 1983. Trata, en apariencia, sobre la guerra de las Malvinas y la supervivencia de un puñado de soldados argentinos escondidos en barracones.

Y digo en apariencia porque trasciende el tema de la guerra para volverse un relato poderosísimo sobre las fronteras de lo real, sobre la disolución de esas convenciones absurdas llamadas patria, nación o enemigo.

Es impresionante cómo un relato tan sencillo en su estructura y en su puesta en escena indaga en la condición humana, sometida aquí a su naturaleza de rata o de topo, a su código genético de lombriz.Los pichiciegos habla de la vida subterránea y de qué nos obliga a escondernos en las madrigueras, los agujeros y los túneles.

De tan realista, se vuelve simbólica; de tan vívida y tremendamente verosímil, adquiere aires de relato fabulístico. La guerra de las Malvinas es un marco, un pretexto. Aquí no hay documentalismo ni periodismo infiltrado. Los pichiciegos está más cerca de Beckett o de Kafka que de Primo Levi, Erich Remarque o del Michael Herr de Despachos de guerra.

El gran acierto, a mi juicio, es el narrador escogido. Fogwill no quiere perderse ante unos hechos terribles, de tan inhumanos, inmanejables, así que escoge el punto de vista más eficaz y distante, ajeno a los sentimentalismos y a los trucos literarios baratos, para contar un relato sin argucias retóricas. El narrador de Los pichiciegos quiere contar para comprender, no enlodazarse en el barro del tremendismo, tan habitual en el género belicista. Mirar y desconocerlo todo de pronto, sorprendido, atrapado, como quien sabe que la vida es una materia demasiado valiosa como para perderla en nombre de otros. De ahí que Los pichiciegos sea un libro lleno de ganas de vivir y de respiración, de odio contra los que aman la muerte…

Por otra parte, creo que Los pichiciegos es una novela fallida. Se pide más a la narración, nos quedamos con ganas de más, el viaje se trunca definitivamente cuando estamos en el inicio mismo de la desolación. Por esa razón el libro está lleno de esperanza y caminos abiertos: no quiere ir hacia el fondo mismo de la noche.

Tal vez era la única forma de mantener la alegría de narrar que recorre toda la novela.