Gravity, la última película dirigida por Alfonso Cuarón, es un cuento extraordinario y, como tal, está cortado por la intensidad. Al poco de iniciarse el relato, la huida (o la búsqueda) es el único fin, y la protagonista es poco más que un resorte  que justifique el vendaval de imágenes y torceduras del destino.Claro que la fábula es muy obvia, y el final, acaso el único posible, pero ¡qué forma de desatar todos los trucos del cine para meternos de nuevo en la fábrica de sueños! El cine admite cientos de relatos, pero aquel que nos sorprende y nos atrapa de una manera más visual que verbal, aquel que es más cercano a la música de las emociones, sin duda funciona de una manera contundente, y Gravity es eso: una bala hacia la maravilla sensorial, hipodérmica, visceral de estar vivos.

Anuncios