De Alien, el octavo pasajero (1979), una de las obras maestras de la conjunción del terror y la ciencia-ficción, a Prometheus (2012), recién estrenada en México y a punto de estrenarse en España, median más de treinta años y la pérdida de talento o de horizonte de su director, Ridley Scott. Madre mía, ¿cómo ha podido pifiarla de esa manera?Que Ridley Scott volviera a dirigir ciencia-ficción parecía garantía de profesionalidad; este película demuestra, sin embargo, que no hay nada más allá de una estrategia de marketing. Prometheus es, sencillamente, ridícula, mal planteada desde su guión y peor terminada desde su puesta en escena y producción. Si Alien nos envolvía en una atmósfera claustrofóbica, Prometheus sucede sin espíritu, trazada desde el desarrollo más previsible y, para colmo, y lo que no perdonamos los seguidores de Alien, se intenta deshacer el misterio de la nave alienígena descubierta por los tripulantes de Nostromo.

Prometheus sirve para ejemplificar una máxima: es mejor guardar un secreto que revelar una ordinariez. Pues eso es, al fin y al cabo, esta película: una promesa mal resuelta, un drama que sonroja por su pésima articulación, unos personajes que no sienten ni padecen, son poco más que peleles en una narración que hace aguas. Lo mejor que le puede pasar a Prometheus, dentro de la saga Alien, con todos sus altibajos y secuelas, es ser pronto olvidada. Y es una pena, dicho de paso, porque algunos pensábamos que Ridley Scott estaría a la altura. Qué iluso: cómo me he dejado engañar otra vez por la promoción y la propaganda de las entrevistas elogiosas.

 

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