Un proyecto fallido que estimula y despierta, una película que, pese a sus carencias, no decepciona, sino que nos sabe a poco, que pide más que el conflicto personal de unos años decisivos para el psicólogo y pensador Carl Gustav Jung, interpretado con sobriedad por Michael Fassbender.Es curioso cómo el cine de Cronenberg se ha estilizado y, después de películas limpias e impecables en su factura técnica, como Madame Buterfly o Spider, Un método peligroso ensaya  una puesta en escena tan cuidosa que se hace gélida y distante, como quien mira un documento clínico. Tal vez sea deliberado. De lo que no hay duda es de que el drama se apaga en favor del rigor histórico, de la veracidad de los hechos, como si la historia no quisiera ir más allá o no pudiera.

El guión, además, procede de la adaptación de una obra de teatro y, ciertamente, la teatralidad de la historia destaca en exceso y desaprovecha los recursos del lenguaje cinematográfico. Por otra parte, el elenco de actores deslumbra, en particular Kiera Knightley y el secundario Vincent Cassel, quienes  dan vida a fieras humanas muy peligrosas.

En cuanto al proyecto o la intención o como quieran llamar al universo de Cronenberg, siempre  en busca del malestar en la cultura, Un método peligroso toca temas vitales en su cine y los engarza, con un tono académico, en una discusión fundamental de la historia del pensamiento y del arte, esa en la que el mundo inquirió sin dilación sobre las partes oscuras de la mente. Como dice un personaje, “a veces un hombre tiene que hacer algo imperdonable para seguir viviendo”. Y sobre esa afirmación  discurre esta película de entrevistas íntimas y personalidades en pleno hundimiento.

 

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