Seguro que han oído decir que esta peli va de un tipo obsesionado con el sexo. Pues no, no trata de eso. No exactamente. El protagonista tiene un malestar, un vacío, un dolor no resuelto, y por la razón que sea (nunca se cuenta al espectador) ha derivado en una pulsión enfermiza e incontrolable por la pornografía  y por follar con prostitutas. No necesariamente tiene que disfrutar con ello, y tampoco eso lo convierte en un delincuente, a ver si nos vamos enterando. Es un hombre que sabe que tiene una enfermedad que no puede dominar. Tal vez nace de su educación, tal vez de un trauma infantil, tal vez del deseo culpable que siente por su hermana, quien le acompaña en esta bajada a los infiernos.
Shame es una película de cortes y elipsis narrativas, de silencios que el espectador debe suplir, para bien y para mal; escenas magistrales y cuerpos despojados de todo idealismo y falsedad, exhibidos en su belleza cotidiana, a veces sucia, igual que en la película anterior de su director, la genial y perturbadora Hunger. El título de Shame, por su parte, lo dice todo. Vergüenza no por el sexo. Vergüenza por solo disfrutar del sexo y nada más, por ser incapaz de amar y de excitarnos con una persona amada.

El protagonista ahonda en su agujero hasta tocar fondo. Y ahí abajo no hay nada, solo la conciencia de nuestros propios miedos, que queremos ocultar como sea, en una huida hacia adelante, en una huida hacia nuestras propias pulsiones. Pero, como descubre el protagonista, a veces solo sirven para ocultar algo que nos está haciendo daño, y que está muy adentro.

 

Anuncios