Los mitos no pertenecen a nadie. Están ahí, en las formas de la antigüedad clásica o en sus versiones y metamorfosis más recientes, desde los héroes de la poesía épica hasta las fábulas tortuosas de Kafka. Y la historia de Butch Cassidy ha adquirido el aura de las leyendas, recreada decenas de veces en el cine y en su imaginario visual. Ahora le ha tocado el turno a unos cineastas españoles, el director Mateo Gil y el guionista Miguel Barros, aparentemente sin ninguna relación cultural con el género del western, el relato de frontera norteamericano por excelencia, quienes han parido una película hermosa y profunda sobre Butch Cassidy y han demostrado que no hay géneros nacionales ni industrias pequeñas sino talento y trabajo concienzudo.Blackthorn es la prueba  de que el cine español puede borrar sus huellas costumbristas si quiere, y acercarse a historias facturadas a la manera clásica. Porque eso es esta película: un film con hambre por perdurar, una de esas historias que se seguirán viendo pasados los años sin signo alguno de envejecimiento, pues el trabajo de los actores, la fotografía (esos horizontes  descomunales y abiertos de Bolivia), los diálogos y las escenas de acción están tan trabajadas y reelaboradas, que resulta imposible salir intacto de su atracción estética. Como los westerns clásicos, Blackthorn aspira a la leyenda, y no se conforma con perfilar un par de personajes atrapados por su pasado. Hay mucho más. Respira más que a western, a romance fronterizo, ese género de la poesía española que, a la manera de las baladas europeas, nació de la disgregración de los largos poemas heroicos. Y como en los romances, Blackthorn parece sugerirnos escenas que nunca veremos, que no existen en la narración, pero que de algún modo están sugeridas en sus cortes a medida.

Nada puede hacer una película para entrar en la leyenda sin un actor memorable. Es el caso de Sam Shepard, el protagonista de la película. Además de su rostro, marcado por el cuchillo del tiempo, su voz y sus gestos encajan a la perfección con el imaginario del cine sobre Butch Cassidy, a quien se le ha representado de muchas formas, pero nunca antes como a un viejo honorable y terco, fascinante en su fortaleza y en su amor por el riesgo. Dice en algún momento el protagonista: “¿Rico? ¿Para qué voy a querer la riqueza? He sido libre como el viento. Eso vale más que cualquier cosa” Esa es la historia de Blackthorn: la lucha solitaria por defender dos o tres valores que se extinguen como el humo mientras allá a lo lejos solo quedan ruinas de un pasado que ya no volverá. Pero que nadie se confunda. Esta película no es una mirada nostágica al western; es una crítica al presente más inmediato, que antepone la fortuna o la riqueza material a cualquier otra cosa. Menos mal que quedan los mitos de siempre, los que siempre nos acompañan, para devolvernos la memoria que creíamos perdida.