Y llegan ahora Fernando Trueba y Javier Mariscal y afirman que han hecho la mejor película de animación del cine español, que es una obra maestra “rebosante de belleza” y un homenaje al cine clásico. Quien esto escribe lo desconoce, porque aún no la ha visto, pero sí ha leído la novela gráfica de los mismos autores, basada en fotogramas de la película, y editada hace pocos meses por la editorial Sinsentido. La verdad, el resultado está lejos de ser brillante.Sí, de acuerdo, la parte exclusivamente gráfica impresiona en un primer vistazo, con unos dibujos de corte expresionista y un colorido esplendoroso, tan del estilo de Mariscal. Ahora bien, todos sabemos que el cómic es un medio narrativo, algo más que la suma de unas viñetas deslumbrantes. Es ahí, creo, donde comienza a fallar esta historia: primeros planos donde debería haber planos generales, detalles sobre cuestiones superfluas, planos generales sin propósito alguno. La historia no respira con naturalidad y aunque hay viñetas muy hermosas,  el conjunto, la melodía global, desentona.

Lo mismo pasa con el argumento que sostiene este andamiaje visual. No se le puede pedir a un artista que sea transgresor, ni que se enfrente a las convenciones más marcadas de un género; sin embargo, una obra se pierde cuando se limita a copiar o a variar un limitado número de patrones y de guiños narrativos del pasado. La historia de Chico y Rita la hemos leído o visto mil veces, esa es la sensación que le invade a uno al poco de comenzar, y ya no lo abandona hasta el final. El salvoconducto del “homenaje al cine clásico” no la salva de caer en un deja vú lastimero y preñado de nostalgia.