El último tebeo de David Mazzuchelli es un experimento gráfico y narrativo, que explota con creces todos los recursos del medio,  y que, más allá de los aciertos y defectos, se convertirá, intuyo, en una de las novelas gráficas de referencia de los últimos años, como lo fue Jimmy Corrigan o Black Hole de Burns.

El resultado del ambicioso Mazzucchelli es desigual, lejos de la eficaz puesta en escena de Batman Año Uno o de la hermosa adaptación de La ciudad de cristal. A quien esto escribe ni siquiera le interesa especialmente el tema ni el enfoque escogido de Asterios: el clásico turning point del personaje que decide replantearse su vida y, tras una profunda reflexión, cambiar.

El protagonista, un arquitecto resabiado y sensible, se me antoja una figura romántica trasnochada. Sin embargo, hay que reconocer, y esa es la verdadera apuesta de la obra, que Mazzuchelli ha puesto todo su empeño en experimentar, en renovarse, en manejar con soltura convenciones y estilos del cómic clásico y del más contemporáneo.

Mazzuchelli podría haber dibujado una historia a la manera clásica, que lo sabe hacer y muy bien, y ha preferido arriesgarse, y eso, en tiempos industriales, es elogiable. Se vuelve secundario entonces que ciertas ideas de estilo no encajen o  chirríen con el conjunto. Decía César Aira que “decía Burroughs que experimental es un experimento que ha salido mal”. Asterios Polypop es, según esa teoría,  la obra experimental de un genio.

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