En la ciudad de Salamanca, en el centro de arte DA2, se expone una retrospectiva hasta el 16 de enero sobre el videoartista alemán Julian Rosefeltd. Su trabajo es sorprendente y genial.

En The Shift, por ejemplo, cuatro vídeos, que se emiten al unísono, recorren espacios misteriosos y enigmáticos, como la cápsula de un laboratorio espacial o un estadio de deporte (o algo parecido). No importa que no haya trama o recorrido semántico. Unos escenarios que de otra forma consideraríamos asépticos, casi inhumanos, con el trabajo de Rosefeldt adquieren una belleza gélida, propia de una película de ciencia-ficción.

En otro de sus trabajos, Trilogía del fracaso, acompañamos a varios personajes en sus frustraciones por conseguir sus objetivos. Lo curioso es que de nuevo el uso de varias pantallas permite romper la linealidad temporal y espacial de la historia, y obliga al espectador a montar su personal ensamblaje visual. De nuevo, el cuidado de la puesta en escena subraya una estética del caos, que permite ser disfrutada en su repetición o durante el rato que el espectador pasea por la sala. Además, ¿quién decide cómo debe ser vista o disfrutada una pieza de videoarte? ¿Cuánto tiempo o de qué forma hay que verla o examinarla?

Una obra fascinante. Como alguien ha escrito en algún sitio, los centros de arte  periféricos comienzan a destacar, por encima del rancio pasado de los de  la capital, previsibles y multitudinarios parques temáticos

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