La obra de Bolaño constituye una reconstrucción literaria, a lo Mallarmé, de la propia vida. El acontecimiento, el hecho existe para ser llevado a un libro.

¿Del exilio no se puede escapar? Según su libro de artículos Entre paréntesis, el exilio no es tratado como una maldición o losa que el escritor tuviera que arrastrar a lo largo de su vida. Para Bolaño, el exilio no es más que un hecho fortuito y accidental que enriquece la vida. Por otro lado, parece que Bolaño desconfía de la patria nacional o de todo aquello que recuerde a la forma de la frontera cerrada o circunscrita en la cual el escritor debe reconocerse. “Soy un escritor latinoamericano”, sin más, decía en una entrevista. La patria, la frontera existe en la memoria, exclusivamente.

No sorprende que Bolaño desautorice una lectura regional o costumbrista de su literatura. No hay un escritor menos realista o reconocible en una geografía. Igual que en su estilo, Bolaño evita la ciudad reconocible, el barrio repetido y amplificado, los espacios fijados. Aparecen, sin embargo, en muchos de sus textos personajes que caminan y viajan y se desorientan de un lugar a otro, se pierden de un país o una ciudad o una calle a otra (Amuleto, 2666). De nuevo habría que recordar que en la literatura de Bolaño los personajes no pueden decidir lo que les sucede, ni siquiera lo que verdaderamente quieren… Es una literatura del azar, del acontecimiento o el lugar perdido que arrastra la vida del personaje literario. De esa forma, la literatura se convertiría en una suerte de mapa para rastrear los pasos de los personajes que vagan por espacios abiertos y desubicados (escritura de la periferia), aunque la palabra no sirve para entender las acciones ni las reacciones de los personajes; consiste, más bien, en una forma de dejar constancia del absurdo de los destinos.

En el cuento La nieve (Llamadas telefónicas) el personaje se reconoce como chileno, aunque ¿por qué debería serlo?

Sus novelas son antidetectivescas. No se rastrea un punto o un personaje; es el propio detective, el que mira, el que cuenta, el que analiza, el que es investigado, como en uno de las mejores novelas cortas de Auster, Fantasmas. Escritura sobre la escritura, percepción sobre el acto de percibir y de clasificar.

Cuentos en los que el pasado persigue a los personajes.

La memoria, como la escritura, no deja de estar en el presente, en las cosas que vivimos en el puro presente… El pasado siempre nos alcanza, como en el cuento El Ojo Silva.

El exilio no es una maldición sino una condición inevitable de la escritura… El exilio, por otra parte, no justifica ni explica ninguna cualidad del buen escritor. El exilio no es más, por tanto, que un mal menor, una nota a pie de página, como decir que uno es de Blanes o de Casteldefells: nadie se detiene en preguntarse si haber nacido en un lugar u otro ha mejorado la escritura.
 

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