Os dejo un ensayo breve sobre el tiempo como catarsis en el cómic de Watchmen. Lo escribí hace años, cuando estaba en la universidad. Es un intento de análisis de uno de los aspectos que mejor funciona en el cómic: el tiempo, que avanza trepidante a lo largo de la historia y la arrastra a un final devorador. Aviso: el artículo es difícil de seguir si no se ha leído el cómic, o si no se lo tiene cerca para cotejar algunas citas y viñetas.

Un pequeño homenaje al cómic de Moore y Gibbons. Como bien ha dicho Moore hace poco en una entrevista: “si una historia funciona en un medio, ¿cuál es el propósito de llevarlo a otro? Imagino que sólo por el afán de hacer dinero”
“La liberación del poder del átomo lo ha cambiado todo excepto nuestra manera de pensar…La solución a este problema se halla en el corazón de la humanidad. Si lo hubiera sabido, me habría hecho relojero”.
–Albert Einstein (tomado de la cita del nº4 de Watchmen).

“El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego…”
–Jorge Luis Borges (Nueva refutación del tiempo).

 

1.El tiempo analizado

Este artículo revisa el concepto del tiempo en su función catártica: la catarsis en Watchmen es, ante todo, un valor narrativo, un sutil proceso de culminación…(Entendemos la catarsis en una extensión doble: la identificación por el proceso narrativo, que confluye en un centro liberador de todo pathos; la identificación en el desarrollo temático, ofreciéndonos vías de esperanza y orden tras el caos).

El enfoque de este trabajo está motivado en particular por los mecanismos narrativos del final de la obra: la larga suspensión de la incredulidad en el lector; la expurgación de los temores secretos; la esperanza utópica ofrecida…Todos estos valores y elementos se configuran y toman forma a través de una peculiar concepción del tiempo, plural y calidoscópica. Centramos la mirada en este elemento de la obra no para pecar de formalistas, sino para remarcar la estructura estética de la obra, frente a las unidimensionales y abundantes interpretaciones políticas que se han efectuado.

Se distinguen habitualmente dos tiempos en las obras narrativas: uno, el tiempo narrativo o externo, cargado de elipsis, el que sedimenta la historia y la hace avanzar (lo que en una película serían dos horas, aunque lo que se nos cuente abarque varios meses); otro, el tiempo ficticio, el que viven y sienten los personajes, tanto física como mentalmente… Nos centraremos esencialmente en su segundo valor, resaltando la eficiencia del tiempo narrativo sobre la historia y cómo se interfieren entre ambos…

Antes de iniciar la taxonomía de los últimos capítulos (del 9 al 12), enfocándolos desde el desvelamiento del tiempo soterrado, debemos aclarar y acentuar las premisas teóricas con las que se elabora el tiempo en Watchmen, las manecillas del reloj que se encuentran1

 

2.El tiempo y la teoría

En el nº 4 de Watchmen asistimos a la representación del tiempo simultáneo, de los universos de la fisica cuántica vividos por el Dr. Manhattan__si el universo es eterno, no tiene linealidad, ¿por qué pensar que una fotografía se  resbala de nuestros dedos antes o después de un acontecimiento? ¿por qué creemos que existe un antes y un después de este hecho?

Las viñetas no siguen un proceso cronológico; el tiempo se nos revela como artificio humano, como simulacro de realidad…El Dr Manhattan, símbolo del dios suprahumano, es lo que parece contarnos (“Es 1959 su vientre palpita bajo mi mejilla. Es 1966; la maleta no se cierra y ella llora. Es 1985; dentro de cien minutos la lluvia de meteoritos comenzará”pag.6). “El profesor Einstein dice que el tiempo cambia de un lugar para otro.¿Te lo imaginas? Si el tiempo es falso, ¿para qué sirven los relojeros, eh?”–(pag.3)_dice el padre de Jon Osterman.

El reloj, artilugio humano para apresar el tiempo o, mejor dicho, para disfrazarlo…Para el Dr.Manhattan, el tiempo sucede y a él le está permitido contemplarlo sin barreras humanas: “Todo está preordenado. Incluso mis reacciones(…)Todos somos títeres, Laurie. Yo simplemente veo los hilos” (nº9. pag.5).

En el nº4 descubrimos la transformación del Dr Manhattan, del hombre Jon Osterman en un campo intrínseco de energía__es revelador que el accidente se produzca por un reloj roto. El tiempo lineal se para; va a darse el múltiple, el simultáneo: nace el “dueño del tiempo”.

“Las cosas tienen su forma en el tiempo, no sólo en el espacio. Algunos bloques de mármol tienen estatuas en su interior que surgirán en el futuro” enuncia el Dr. Manhattan (pag.24), parafraseando a Miguel Ángel__De esta concepción se desprende la refutación del tiempo lineal, del tiempo cristiano orientado siempre hacia una posteridad mejor; ahora nos hallamos sin futuro, sin devenir redentor…Sólo “un reloj sin artífice”, concluye el Dr. Manhattan (pag.28). Como en nuestra civilización posmoderna, resguardada tras las artimañas del pasado, hemos perdido El Reloj, y sus engranajes son ya irrecuperables…2

Frente a la concepción del tiempo simultáneo del Dr. Manhattan y, a su vez, contingente, hallamos la esperanza en el tiempo lineal, en el concebido por el ser humano, representado por la postura de Ozzimandias. Éste cree en el progreso, en la salvación de la humanidad, en el fin de las guerras__y la realiza partiendo del pasado, tomando a Alejandro Magno como modelo: “Decidí aplicar las enseñanzas de la antigüedad al mundo de hoy (…). Así empezó mi camino hacia la conquista… No de los hombres, sino de la maldad que los rodea” (nº11.pag.11). Ozzimandias encamina todo su esfuerzo y poder hacia la culminación última, aunque tenga que destruir parte del presente para salvar el futuro…Tiempo estratificado, esperanzas de utopía.
Al tiempo relativo y contingente del Dr. Manhattan, Ozzimandias opone uno regulado por el hombre, marcado por engranajes…En este conflicto de tiempos tiene lugar Watchmen.

La interferencia de estos dos tiempos se produce por la bomba atómica, por la energía nuclear, que revela la contingencia de la materia, pero también su fragilidad… Jon Osterman estudia física atómica por mandato de su padre: “La ciencia atómica; ¡eso es lo que el mundo necesitará!¡no relojes de bolsillo!” (nº4 pag.3). Dr Manhattan, dueño del tiempo, recibe como nombre clave el del proyecto de la bomba sobre Hiroshima. Él es también el tiempo destructor, “el elemento disuasor” contra la URSS… “En 1945, las bombas caen sobre Japón, los engranajes caen sobre Brooklyn” (nº4 pag.27).
Asimismo es la bomba nuclear la que despierta a Ozzimandias, la que le hace consciente del esquematismo de sus proyectos: “(el Comediante) bromeó sobre la inevitable guerra nuclear. Me describió como “el tipo más listo de entre las cenizas”…y me abrió los ojos(…). Recuerdo el mapa chamuscado y a Nelson diciendo “alguien tiene que salvar al mundo” con su temblorosa voz…Entonces lo comprendí” (nº11 pag.19). Ahora Adrian se planteará una salvación perdurable, un Bien perenne…La posteridad corre contra la bomba atómica…
3. El tiempo catártico

a) el mundo en una esfera. Durante el nº9 rehacemos parcialmente la vida de Laurie, indagando en su pasado, reconstruyéndolo (como en muchos números de Watchmen). La identificación (menos en el caso de Blake) se da siempre desde la primera persona, en un camino de subjetivización. Pero es tambien la pérdida de una identidad, de un mundo seguro… Un frasco de perfume da vueltas mientras el pasado se recupera__esta viñeta como constante de los efectos devastadores del tiempo, más que su simultaneidad.

Laurie debe discutir con el Dr. Manhattan sobre el destino de la humanidad: la contingencia más absoluta contra las vivencias humanas… “El tiempo es simultáneo. Una joya que los humanos insisten en observar por una sola cara cada vez, cuando el diseño completo es visible en cada faceta. ¿Cuál es tu primer recuerdo?” (nº9 pag.6)–comienza el Dr. Manhattan… Es la destrucción de una bola de nieve en su niñez (su Rosebud particular) lo que pone en funcionamiento la memoria de Laurie; sus recuerdos se asocian con la figura de Blake como nexo, hasta que comienza a intuir la terrible verdad: que la persona que intentó violar a su madre, la persona a la quizá más odiaba, es su padre: el Comediante. Ruptura del origen, pérdida de la identidad; dos hechos se topan en simetría…

Cuando la bola de nieve se rompe, Laurie reconoce sus dudas, sus temores infantiles: “Mi padre, estoy segura, fue el antiguo novio de mamá, Justicia Encapuchada” (pag.8). Pero también supone la ruptura de las seguridades, de la calma: “Y ahí estaba la bola de nieve, con un pequeño castillo dentro, era como un mundo entero(…) La moví, provocando una tormenta. Sabía que no era nieve real, pero no comprendía por qué caía tan despacio. Imaginé que dentro de la bola había un tiempo diferente. Tiempo lento. Y dentro sólo había agua” (pp.7-8, 24). Un mundo dominado, abarcado por nuestras manos, que al caer desvela su engaño, su artificio__la nieve era sólo agua, la lentitud contemplada era algo inasible, fugitivo…Descubrir nuestra propia ficcionalidad, deshacer el tiempo seguro…

Asimismo, cuando Laurie descubre que es hija de Blake arroja su frasco de colonia–“Nostalgia” hecha añicos–, en un acto simétrico con el de su infancia. Una nueva revelación, un nuevo origen, una nueva pérdida; todo se derrumba, literalmente (pag.25). Con el proceso de subjetivización de Laurie, el lector se ve inmerso en la misma pérdida de un origen estable (la identificación se altera) y, por tanto, de un tiempo incorruptible. No es casual que no volvamos a encontrar a Jon y Laurie hasta el nº12, cuando el “fin del futuro” parece haberse consumado.

b) el vórtice. En los dos siguientes números, el desarrollo de las acciones aumenta y las historias paralelas se agolpan, llegando a un tiempo superior (narrativo) que los arrastra.

En el nº11, el Gobierno americano sigue en Defcon2. Se inicia una cuenta atrás hacia una posible tragedia__la espera intranquila comienza para el lector__Sabemos que se puede desembocar en una guerra nuclear, en el fin de la Historia… Paralelamente, se dan otras acciones: desde el kiosco de Bernie vemos que la situación de guerra se hace cada vez más insostenible–el cómic de piratas aumenta sus dosis macabras–; Ozzimandias retorna a su base y Rorschach y Búho Nocturno comienzan sus indagaciones. Éstos irán descubriendo las pistas que les conducen a Ozzimandias, en un espacio muy corto de tiempo. Pero a la vez se inicia la conclusión de caminos, de vías paralelas: el barco que explota, la carta de Rorschach que termina entre un montón de papeles, la soledad de los “dos jinetes” contemplados y dirigidos por Ozzimandias… El lector avanza en sus funestos presagios al contemplar el cierre de posibles esperanzas, como en un vórtice que devorara todo a su paso.

El proceso clausurador de líneas narrativas paralelas culmina en el nº11. Ahora nos encontraremos con el fin definitivo, con la expurgación del pathos progresivamente sostenido–el reloj de la contraportada por fin se mancha de sangre–.

En primer lugar, se inicia la reordenación del pasado de Ozzimandias, revelándose como un hombre obsesionado por la salvación del futuro, aprendiendo del pasado.__ Adrian descubrió la necesidad de la unidad del mundo: “Vi por fin sus errores. No había unido todo el mundo ni lo consolidó para que le sobreviviera” (nº11 pag.10). Y él quiere esta unidad aunque roce el fin del mundo: “El fin del mundo no hace justicia al concepto. El presente del mundo acabaría. Su futuro, más vasto, también desaparecería. Incluso el pasado moriría…” (pag. 22). Adrian les ofrece la regeneración del tiempo…

La trama progresa, llevando los distintos tiempos narrativos a un mismo centro. Dos hombres pelean en una sala; dos mujeres, paralelamente, se enzarzan, provocando la atención de los transeuntes: el psicólogo de Rorschach y su mujer(nº6), los policias del caso Blake (nº1), Bernie y su lector de cómics… Los diferentes personajes esbozados a lo largo de la obra se entrecruzan en una esquina de una ciudad, (en una reducción de tiempos narrativos), como si la viñeta inferior fuera un espejo de la violencia y crueldad del ser humano…Igual que en el cómic de piratas, llegamos a un punto sin avance, en el que la única salida es entregarse a la fatalidad. Retornamos a la locura de la que huíamos: “Había perdido el mundo que trataba de salvar .Yo era un horror y tenía que vivir entre horrores. Una soga se deslizó. Farfullando, me agarré a ella…y desde cubierta brotó una exclamación, repugnante y perversa, un hedor insultaba al cielo” (pag. 23) Ya no queda esperanza para los inmoladores del paraíso, los desterrados del tiempo…Bernie, al mismo tiempo que el cómic de piratas concluye y comienza la pelea, descubre la tragedía más íntima: “Por eso ha estallado el conflicto. La gente no se relaciona” (pag.23). Se produce una dislocación en el concepto de tiempo en el lector: por un lado, escucha los lúcidos delirios de Ozzimandias ofreciéndole un futuro, “nacido de sus propias cenizas”; por otro, asiste a la actuación de una humanidad al borde del Armaggedon, sin esperanza posible…

Cuando Ozzimandias desvela su último truco, iniciado “hace treinta y cinco minutos”, se rompe el horizonte temporal del lector; el propio tiempo narrativo se desmonta y desvela su ficcionalidad (no había simultaneidad, la tragedía no podía detenerse), ante un receptor atrapado… El tiempo se hace involución y voracidad, contra la que nada puede un abrazo desesperado (pag. 28). Irrumpe la nada, se cimenta el vacío, se culmina la catarsis. Las manecillas del reloj coinciden, en su hora más alta.

c) Millenium. “Las calles repletas de cadáveres” con un reloj al fondo; así se inicia el nº12 (el número de capítulos de Watchmen tampoco es casual). “Medianoche. Dos de noviembre”, cuando vemos a Jon y Laurie. La primera reacción de Jon es la su sorpresa ante el desconocimiento; su tiempo de relatividad ha sido alterado por el tiempo nuevo de Adrian: “Casi había olvidado la excitación del no-saber, el placer de la incertidumbre”(pag.7), enuncia Jon ante miles de muertos, como si fueran meras demostraciones de una ley física.

Ozzimandias parece haber culminado su proyecto sin fisuras: “Nadie sabrá la verdad. Los involucrados están muertos, asesinados por asesinos que se mataron entre sí, en una pirámide letal…” (pag.10). Pero la vasta redención urdida por Adrian no toma forma hasta que fracasa, “temporalmente”, ante el Dr. Manhattan, y le muestra los frutos de su sacrificio: “Inmediato fin de las hostilidades hasta que evaluemos esta nueva amenaza…una inmediata cumbre en Ginebra…fin de la guerra”(pag. 19); la matanza en Nueva York trae la calma, la paz entre los Estados Unidos y la URSS.

Adrian ofrece la esperanza, el tiempo de la utopía, la regeneración en un futuro mejor, y todos lo aceptan (salvo Rorschach, el único que habita en un ilimitado presente del Mal). Después de vislumbrar la catástrofe del fin, el lector asiste a un nuevo principio, a un nuevo tiempo lineal, con esperanza de progreso. Se ha reconstruido el tiempo cristiano, el de la fe ciega en el “después”, de tal modo que hasta Jon, el Dr. Manhattan desaparece: el tiempo simultáneo se destierra a sí mismo porque nada puede contra el corazón de los hombres…
4.El tiempo como amenaza

Ocaso y alba, degradación y renacimiento…el lector vislumbra (en su horizonte temporal de expectativas) el espantoso y previsto fin del tiempo, y tropieza con la irrupción de la posteridad, de un futuro esperanzado. Adrian ha construido los diques necesarios, pero el nuevo tiempo ya no necesita guía, transformando todo a su paso, como un mecanismo minúsculo que desencadenase la maquinaria de la civilización.

La bomba atómica (el proyecto Manhattan) parecía esperar al final del recorrido narrativo; nada indicaba que la regeneración temporal procedía de la destrucción, de un fin con continuación…El tiempo tenía que deshacerse para volver a recomponerse y alcanzar una dirección ascendente3. De este modo, el tiempo narrativo y el percibido por el lector sufren un proceso de catarsis, una purgación de sus errores para surgir límpido, incorruptible, redentor…
En el epílogo de Watchmen (Las navidades, tiempo de esperanza para un mundo unido), nos centramos en Laurie y Dan, y descubrimos que todo parece haberse arreglado. Incluso el motivo de la fotografía muestra la reconciliación emocional de Blake con “Miss Jupiter”.

Sin embargo, el final de Watchmen transmite el sabor de la nada, la impresión de que el tiempo puede ser artificial, una máscara pintada sobre el rostro: hermosa y efímera, borrable por la lluvia… Como dice Jon “¿el fin?. Nada termina, Adrian. Nada termina nunca” (pag.27). Él sabe que el tiempo no tiene principio ni fin, estructuración o medición, solución o condena… pero el hombre se resiste o es incapaz de no estructurar el tiempo, de no domarlo; no conoce el presente absoluto… En la última viñeta de Watchmen una mano se acerca al diario de Rorschach; un “acid” nos sonríe. No nos sorprende el gesto concreto, no__¿quién dice que el diario no sería visto, una vez más, como la escritura de un loco?__Comprendemos en ese momento que el tiempo lineal, el tiempo hacia delante, se suspende en un hilo, que todo devenir es creado por el ser humano y, como tal, sometido a la corrupción, a la degradación, al ocaso… La primera viñeta de Watchmen y la última coinciden: la historia no termina nunca, la fatalidad se reproduce en eterno retorno, el tiempo nos amenaza con aterradora simetría.

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1 El número de página corresponde a la página original del cómic, para no confundir con ediciones diferentes a la nuestra: Alan Moore, Dave Gibbons, Watchmen, 1987, Ediciones Zinco, Barcelona.

2 Los esquemas humanos para alcanzar la utopía son constantes en la obra de Alan Moore. Si en Watchmen adquiere sus tintes más ambiciosos( y teóricos) en V de Vendetta, nos aproximamos desde una reconstrucción política y en Miracleman con la imagen del Superhombre portador de nuevos valores.

3 Watchmen guarda numerosas relaciones con concepto posmoderno de “fin de la historia”. Vattimo dice que “una experiencia de fin de la historia parece ampliamente difundida en la cultura del siglo XX, en la cual y en múltiples formas retorna continuamente la idea de un ocaso del Occidente que, en última instancia, parece particularmente pertinente en la forma de la catástrofe atómica. En este sentido, el fin de la historia es el fin de la vida humana en la tierra”(Vattimo, El fin de la modernidad, Barcelona, 1985).

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