I

Comienza This is England, del director Shane Meadows, con imágenes de iconos populares asociados con la cultura inglesa (el punk, las pandillas, los queridos bobbys) que se mezclan con fotogramas hurtados a la Guerra de las Malvinas. La bandera británica ondea entre escenas de horror, soldados mutilados y perdidos: una isla geopolítica y militar, sin valor material alguno, frente a una isla-imperio  en plena transformación, una Inglaterra donde Margaret Tatcher gobierna ininterrumpidamente durante la década de los ochenta. Estado y violencia, territorio y sometimiento: la metáfora no puede ser más fácil, pero tampoco más eficaz: no hay Estado que no se mantenga bajo el monopolio legitimado de la violencia, y sus habitantes, sus cachorros, van a aprender rápido de la impunidad y el sinsentido con el que se ejerce el poder.

 
II

Shaun, un niño que ha perdido a su padre militar en la guerra, marcha a clase. Allí, a la hora del recreo, los chavales se buscan y  forman  sus grupos. Shaun está solo. Un chaval se mete con él por sus pantalones acampanados, uno de los regalos que le ha dejado su padre. Discuten y se pelean. Al salir del instituto, Shaun se cruza con una pandilla de rapados que están bajo un puente tomando unas cervezas. Uno de ellos le invita a sentarse; otro, en cambio, se mete con él y le pega. Shaun se marcha a casa. Días después, vuelve a coincidir con el grupo de rapados, y se une a ellos. Shaun es aún un mico, no entiende por qué sus nuevos amigos visten como lo hacen, pero sabe una cosa: quiere vestir como ellos. Quiere ser parte del grupo.

III

La personalidad la dictan los otros; mejor dicho, lo Otro. ¿Por qué motivo hemos mitificado y propagado la complaciente imagen del individuo que se forma a sí mismo, madura y toma las decisiones adecuadas? El entorno, el grupo, los compañeros, las experiencias que vivo con ellos, me marcan sin remedio. Claro que podemos cambiar y reaccionar, pero eso no significa que las enseñanzas del grupo no se produzcan, y muchas veces con resultados irreversibles. Hace poco, en un artículo imprescindible titulado Educar e instruir, Sánchez Ferlosio apuntaba “el carácter gregario de la educación: el grupo es el que educa, a través de la necesidad de formar parte, que arrastra con fuerza irrestible a la imitación y a la comparación”. El grupo es el que educa, y junto con él asumo valores, prácticas, hábitos de acción y de pensamiento. Tics comunes. Por ahí, en parte, nace la identidad.

IV

Un día llega a la pandilla Combo, un tipo mayor que el resto. Acaba de salir de la cárcel. Combo tiene un rostro de dolor y soledad, como el de alguien que ha recibido y ha dado muchos golpes. Combo, a diferencia del resto, tiene muy claras sus inclinaciones políticas. Es un skinhead. Es racista, tiene mucha violencia dentro y un día queda con el grupo para hablarles de la importancia de proteger la nación. De salvarla. El grupo de Shaun se divide: unos cuantos no siguen a Combo y se marchan; otros se quedan, incluido el pequeño Shaun. Éste no lo hace porque cree lo que dice Combo. Seguramente ni lo entiende. Shaun ha visto en él fuerza, lealtad, y sobre todo, un respeto que sus otros amigos no le habían dado. Shaun comienza a idealizar a Combo, que cumple la función de un padre ausente, y sigue sus acciones: amedrantan a los pakistanís del barrio, pintan en las paredes consignas de odio, roban en tiendas de inmigrantes. El pequeño Shaun no sabe ni reflexiona por qué hace las cosas. Las motivaciones que llevan a Combo y a Shaun a actuar son muy distintas: el segundo es todavía un niño, y actúa por gregarismo; Combo dirige su odio contra los otros, en principio inmigrantes, no sólo por racismo y por creencias fascistas; Combo ha cultivado una capacidad de autodestrucción, que al final acabará atrapándolo. El fascismo es tal vez eso: la destrucción del Otro, del distinto, del ajeno al grupo, del que “viene de afuera” porque el yo fascista no lo acepta: es un yo enfermo de pasado (llámase nación, patria o infancia arrasada), que no acepta pautas culturales distintas o ajenas porque las siente como una amenaza o un peligro. La violencia, tan gregaria como instintiva, adquiere su función primordial en el fascismo y se convierte en medio y fin para borrar al Otro. La bandera viene mucho después, cuando necesitamos culpabilizar al extraño de nuestra situación.

V

El Estado es el padre, el padre es el Estado: una máxima retórica que la película This is England  usa para explicar el origen patológico del fascismo. Combo, como el partido nacionalista en el que milita, culpa al Estado de sus males y de su rabia, la cual, parece, se origina en su propia educación y familia; Shaun comprende que la ausencia de su padre no le justifica para culpar a los otros de su dolor. Combo es un adulto; Shaun es un niño, en plena formación de su personalidad. Su última acción, la que cierra la película, pese a ser “ingenua y obvia” en su mensaje, como ha escrito Jordi Costa, es esperanzadora y, sobre todo, necesaria para una sociedad enferma de pasado y de frontera.

 

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