Zaller´s book at AmazonCuando contesto a un sondeo o a una encuesta de opinión, ¿cuáles son los factores que me están influyendo a la hora de escoger una respuesta u otra? Basándonos en las teorías de Zaller*, expuestas en el libro Opinión pública y democracia deliberativa, de Víctor Sampedro, queremos aproximarnos a la necesidad de la información plural, como se puso de manifiesto en la primera encuesta deliberativa llevada a cabo en España en este mes de marzo.

“¿De verdad tantos ciudadanos querían abolir la Monarquía”? “Sí, pero cuando usted volvió a Londres, y dio su discurso, las encuestas cambiaron”. Es sólo un trozo de diálogo tomado de The Queen (Stephen Frears, 2006), que muestra los cambios de humor del personaje principal de la película:  la opinión pública, ese invisible cuyo comportamiento suele ser estudiado por los sondeos o encuestas sociológicas, mediante un número de entrevistas a una muestra representativa de la sociedad. Ahora bien, ¿cuándo respondo a un sondeo o encuesta, qué me está influyendo? ¿Mis propias ideas? ¿Y sobre los temas de los que no tengo una opinión muy clara? Hasta el momento, hay una forma preferente de encuesta: la única o cerrada, que ofrece una serie de opciones al ciudadano. Se parte de los conocimientos y opiniones que ya tiene el ciudadano antes de la elaboración del sondeo. Otro tipo, que fue ensayado en España por primera vez en marzo de este año, sería la encuesta deliberativa o informativa: los ciudadanos reciben, antes de hacer el sondeo, información plural para formarse una opinión más matizada acerca de lo que se les pregunta. En los dos casos, el ciudadano tiene que tener una opinión formada, a no ser que prefiera la opción No sabe/No contesta.
El sociólogo John Zaller, a partir de cuatro reglas o axiomas,  intentó encontrar las principales variables que me influyen a la hora de formarme una opinión en los sondeos:

1. Recepción y conocimiento
No todos los ciudadanos están informados de igual forma porque, lógicamente, a no todos les interesan los mismos temas ni todos ponen la misma atención. Cuanto mejor conozcamos un tema o unos hechos, mejor estará formada nuestra opinión, y más difícilmente seremos manipulables. Si se nos pregunta, por ejemplo, por una experiencia que conocemos de cerca (nuestro trabajo, nuestro barrio, nuestro entorno familiar), tendremos habitualmente una idea muy clara de lo que pensamos.  En el  barómetro de opinión del CIS de marzo 2007, a la pregunta de  “¿Cuál cree que es el principal problema de España?”, el terrorismo ocupaba el primer lugar. Si la pregunta era “¿Qué problema le  afecta a usted más personalmente?”, la vivienda, el paro y los problemas de índole económica ocupaban el primer lugar, y sólo un 3% de los encuestados escogían el terrorismo. Por su parte, en el sondeo sobre el tema del botellón (véase Recuadro) casi un 70% de los encuestados pensaban que con mayor presencia policial, el botellón se reduciría; después del foro deliberativo y de recibir información sobre el efecto que tenía esta presencia policial, este 70% se redujo a un 40%. Al estar mejor informados sobre los hechos, la opinión varió.

2. Aceptación
Según la segunda variable de Zaller, los encuestados tienden a rechazar ciertas opiniones, si creen que van en contra de su ideología (aunque carezcan de información al respecto). Aquí, evidentemente, será fundamental la forma en que se haga la pregunta de la encuesta. Si me preguntan “Usted estaría a favor de negociar con ETA aunque esto suponga la independencia del País Vasco”, muchos encuestados rechazarían tal opinión, por considerla contraria a sus planteamientos ideológicos. Sin embargo, si se pregunta, “¿Usted estaría dispuesto a negociar con ETA por conseguir la paz en el País Vasco?”, un alto número respondería afirmativamente, pues su apoyo a la paz hace olvidar otras cuestiones**.

3. Disponibilidad
Las opiniones más extendidas o las más recientes sobre un tema que no conozco muy bien (regla 1) ni sobre el que tengo una opinión ideológica (regla 2) suelen condicionarme enormemente a la hora de responder una encuesta, como las opciones de una encuesta o las opiniones más extendidas en los medios de comunicación. Ésta es la variable más fuerte según Zaller: las opiniones dominantes o más extendidas son las que mayor presión que ejercerán sobre las respuestas de los encuestados, sobre todo en aquellas de las que tenemos menos información. El poder de los medios de comunicación será decisivo, por tanto, en extender ciertas opiniones dominantes. Pensemos, por ejemplo, que el problema de la vivienda no aparecía en los barómetros de opinión hasta el año 2005, o que el momento en que el problema del paro disminuyó según las encuestas (un 18,9 %) fue en octubre de 2006, fecha en que la inmigración alcanzó el 49,6% entre las preocupaciones de los encuestados. Si recordamos (DIAGONAL, Observatorio de Medios, nº55), durante todo el verano y parte de septiembre de 2006, la inmigración fue tema social prioritario del que se ocuparon los medios y los políticos

4. Respuesta
Por último, si los encuestados reciben varias opciones sobre un tema, escogen el punto medio o el más cercano a sus planteamientos ideológicos. Por ejemplo, en el último barómetro de opinión, la mayoría de los encuestados recibió varias opciones sobre el significado de la piratería musical: sólo un 17% consideraba piratería “compartir copias caseras para disfrute privado”, frente al 72% que lo era “comprar a precios reducidos, a vendedores no autorizados”. Asimismo, cuando se les preguntaba a los encuestados si estaban a favor de políticas de subvención de la cultura, o dejarla sólo en manos de la iniciativa privada, más del 70% estaba de acuerdo con la primera opción. Compárese, asimimismo, la información que uno recibe en una encuesta convencional y la recibida en un sondeo deliberativo: en la primera uno opina según lo que ya sabe; en el sondeo deliberativo, la información y el debate me ayudan a formarme una opinión más sólida.

Las teorías de Zaller dejan un pequeño espacio para la libertad de elección porque los que tienen más poder para gestionar las cuatro reglas de las que estamos hablando suelen ser, evidentemente, los medios de comunicación de masas, que asumen las cuatro reglas que acabamos de señalar: se encargan, entre otras funciones, de gestionar los recursos de conocimiento, de formar opiniones ideológicas ( o no), de hacer disponibles ciertas informaciones y, en definitiva, de ofrecer alternativas u opiniones.
Cuanto más ricos en información y plurales sean los medios, la opinión pública podrá formarse una opinión más acorde con sus conocimientos y sus planteamientos ideológicos; cuanto más sesgada o reducida en sus planteamientos, la población tendrá menos posibilidades de formarse una opinión propia y tenderá a escoger aquellas ideas que se le hayan presentado como “adecuadas” a sus planteamientos ideológicos. Aquellos ciudadanos que estén peor informados, estarán más expuestos a los efectos y a las opiniones de los medios, según esta teoría. De esta forma, el problema no reside en que los medios mienten, si por esto entendemos cambiar o alterar la información; la cuestión es qué sucede cuando sólo recibimos una opinión dominante sobre un tema o un asunto de interés para la opinión pública. Como escribe John Zaller: “la manipulación decrece si al público se le da alguna posibilidad de elegir, esto es, si se le permite escoger entre visiones alternativas acerca de la realidad.”
Dos conclusiones esperanzadoras pueden sacarse sobre la teoría de Zaller. Una, que las opiniones críticas y alternativas sobre una opinión dominante pueden acabar socavándola, si la ciudadanía la percibe como contraria a sus planteamiento ideológicos. Zaller, de hecho, argumenta su teoría con el caso de la guerra de Vietnam, rechazada por la mayoría de la opinión pública gracias a las informaciones críticas de los periodistas. La segunda conclusión es que las opiniones más cercanas al conocimiento y a la experiencia de los ciudadanos no se pueden manipular desde los medios, y pese a la escasez de noticias sobre estos temas, el paro y la vivienda siguen en primer lugar preocupando “y afectando personalmente” a los españoles. La realidad material sí que existe fuera de las pantallas mediáticas.

PRIMERA ENCUESTA DELIBERATIVA EN ESPAÑA: EL MACROBOTELLÓN

Realizada en Córdoba en marzo de este año, organizada y diseñada por el CIS y el IESA (Instituto de Estudios Sociales Avanzados de Andalucia), la primera encuesta deliberativa en España tenía dos fases complementarias: una primera, en la que 1.200 personas respondían a una encuesta sobre el tema del macrobotellón; posteriorme, 136 encuestados, escogidos como muestra representativa, asistían a un foro y a unas conferencias en las que recibían información sobre el tema. Después, volvían a contestar a la primera encuesta. Las respuestas variaron enormemente: después del foro deliberativo, los encuestados rechazaron la idea de que el comportamiento incívico estuviera generalizado entre los jóvenes que acuden al botellón, y sus respuestas apoyaban más las medidas preventivas más que las represoras, que estaban más extendidas en el primer sondeo.  Por tanto, como se explica en la propia encuesta, “esta experiencia demuestra que cuando los ciudadanos tienen la oportunidad de informarse y sopesar las distintas posiciones que existe en torno a un tema, se produce un cambio en sus opiniones. La mayor información y la posibilidad de deliberación en torno a un tema que proporciona el foro deliberativo hacen que las opiniones tiendan a ser más matizadas y cautelosas y se distancien de los prejuicios y estereotipos establecidos” Justo lo que le exigimos a los medios de comunicación, qué casualidad.

*No es la primera vez que utilizamos las teorías de Zaller para escribir un artículo. Anteriormente, publicamos en este blog uno titulado Cinco reglas contra la manipulación informativa (caso práctico: Alcorcón) a partir de una interpretación más libre y menos rigurosa de las ideas de Zaller de su libro Nature and origins of Mass Opinión; en el artículo que ahora publicamos nos limitamos a describir las variables que, siempre según Zaller, influyen en las encuestas de opinión agregadas.

**Ahora demos la vuelta al ejemplo: imagínese que usted es ciudadano de Euskal Herria y le hacen una encuesta telefónica. La primera pregunta es “¿Cree que los habitantes del País Vasco tienen derecho a un referéndum sobre la autodeterminación?” La segunda: “¿Cree que la violencia es un instrumento legítimo para conseguir el derecho a la autodeterminación?”