Dejo la entrevista entera, sin recortes de edición, que hice a Albert Pla para el periódico Diagonal (nº50).

Albert Pla es un artista en continuo aprendizaje. Después de discos en catalán, rumbas explosivas y espectáculos teatrales, viaja por la piel de toro con El malo de la película, un disparatado y desconcertante montaje entre imágenes grabadas por Plá y la música de Judit Farrés. Es un giro más en la carretera al final de la noche.El entrevistador y la fotógrafa son citados en el teatro Fernando de Rojas, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde actuaba Albert Pla con su último espectáculo, El malo de la película, y con el que está de gira por toda España (ojea las fechas en www.albertpla.com). Allá al fondo, delante de una pantalla, hay un tipo vestido con una chaqueta de chandal que ensaya un texto endiabladamente veloz mientras supervisa el sonido y da indicaciones junto con Judit Farrés, la otra mitad de El malo de la película (se ha encargado de toda la música y de actuar con Plá en la obra). Esta entrevista hay que imaginársela con la voz de Pla, que tiene un timbre apagado y una lentitud mágica a la hora de hablar. Eso, y unos ojos que han visto muchos lados de la vida.

Pla en el tajo

Diagonal: A pesar de haber trabajado en proyectos muy distintos, muchos medios te han clasificado siempre con los mismos tópicos: artista maldito, transgresor, deslenguado. ¿No son, de alguna forma, unas etiquetas que, al final, te acaban exigiendo que cumplas? ¿No se centran sólo en tu faceta de provocador?
Albert Pla: Supongo, no sé… Cada uno se monta su película… Hay gente que flipa.
D: La obra con la que estás de gira, El malo de la película, lleva ya casi nueve meses de representaciones por España y Latinoamérica. Al igual que la obra anterior, Canciones de amor y droga, has pasado por la actuación y el espectáculo antes que por el disco. ¿Por qué ese proceso inverso?
P: Para mí es el proceso habitual. Siempre es así.
D: ¿Pero qué te ofrece el directo, junto con la representación, que nunca podrías hacer en el disco?
P: Mi lugar de trabajo, donde yo me expreso, es el escenario. Luego uno puede hacer discos y otros proyectos, que al final siempre pasan siempre por el escenario, donde me siento más cómodo para sentir y expresar lo que quiero. Un disco de promoción, claro, ayuda a la gira, pero yo prefiero contar las cosas por primera vez… Lo divertido es que la gente vaya a un espectáculo y no sepa de qué le estás hablando… Contar el cuento por primera vez… Hombre, todo tiene su encanto, pero yo creo que si tú sales a un escenario es para que la gente vea algo que no ha visto antes…
D: Quizá también la obra de teatro te ayuda a darle unidad a distintas historias y canciones…
P: Sí. De hecho, en el  caso de Canciones de amor y droga y en el disco Supone Fonollosa hicimos los discos porque ya estaban preparados y teníamos canciones grabadas, pero para mí lo importante era el espectáculo. Si no hubiera habido actuaciones, no hubiera hecho los discos. Éstos los haces después, porque tienes unas canciones y las empaquetas… Pero es un proceso muy diferente. En general,  siempre que he hecho canciones, las hago pensando cómo las voy a cantar en directo… De todas formas, no tengo nada fijo. A lo mejor lo próximo que haga es un disco de diez canciones y sale antes de cualquier espectáculo…
D: ¿Se están acabando los circuitos convencionales para tocar como músico? ¿Has encontrado dificultades?
P: Yo nunca he tenido dificultades. Hombre, si tú quieres vender cien mil discos, salir en Telecinco, que suenen tus canciones en Los Cuarenta Principales y, además, cantas en catalán, es que eres tonto del culo. Lo eres y estarás siempre enfadado con el mundo. Nosotros desde hace años tenemos nuestro circuito y trabajamos todo lo que queremos. A nuestro nivel, claro.  Buscamos muy bien los espacios en los que podemos trabajar, y ya está. No merece la pena meterse en berenjenales, que podrían distorsionar la forma que tienes de expresar tu obra…
D: ¿Y qué te parece la piratería musical? ¿Te daña como músico? Cuando un artista vive de sus discos y de sus royalties…
P: No, un artista no vive de sus discos ni de sus royalties; los que viven de los discos y de los royalties son las discográficas, que se han apropiado de las canciones de los artistas, tanto que ahora cuando quieres grabar un disco tienes que ceder el 50% de la propiedad intelectual de la canción; cobras un 10% del precio al mayorista y, además, pretenden joderte quedándose un porcentaje de tus conciertos. Así que es normal que haya gente que se lo monte de otra forma…  Además, piratería siempre ha habido—yo de pequeño siempre tenía casetes grabadas… Ahora se inventaron lo de la piratería. Y creo que se lo inventaron como tapadera de una industria que se cae… Bueno, la verdad es que no se cae: tienen otros objetivos. Yo, por ejemplo, trabajo para SONY-BMG. Y SONY vende  reproductores de discos pirata… Estás en el Departamento musical, por ejemplo, hablando de la piratería y de la industria musical, y en el despacho de al lado hay un tío que está facturando por todos los reproductores y todos los discos piratas… Además, yo creo que las casas de discos nos tendrían que indemnizar a los músicos. Es decir, si yo tengo una exclusiva con una discográfica  que no me permite trabajar con músicos de otras discográficas, entonces yo también tengo la exclusiva de que sólo ellos venden el disco, y si se vende pirata, entonces ese contrato de exclusividad se ha roto. La culpa es de ellos porque no nos están defendiendo. Y si, además, pone SONY en los discos pirata, que den gracias de que no los denuncio…
D: Lo peor de todo es que se intente criminalizar al espectador o al oyente por querer escuchar o ver cultura. Quiero decir: lo peor es que sea considerado un acto delictivo el querer consumir cultura sin pagar…
P: Yo creo que nosotros vamos a América gracias a Internet. Gracias a que vas a América y la gente sabe quién eres, porque te han pirateado discos, canciones rarísimas… Sales con tu disco nuevo y al día siguiente en Internet ya está pirateado. Con portada y todo. La gente no compra mis discos y, yo qué sé, ¿qué importa eso? Han comprado mis canciones. Si les gusta, ya se comprarán un disco el día que se enamoren. Y si no, pues no.
D: ¿Entonces crees que Internet va a transformar la industria musical?
P: No sé, supongo… Yo me bajo todo por Internet.

El malo de la película

D: He leído que el origen de vuestro último espectáculo, El malo de la película, fue producto del azar: al jugar con un programa de ordenador…
P: Sí, el origen del disco fue así: intentando aprender. Después nos fue saliendo un montón de material y fuimos vistiéndolo todo.
D: En la obra anterior te acercaste a planteamiento sonoros más electrónicos. En esta obra, igual, quizá también por la influencia de Judit Farrés. ¿Ha sido deliberado o…?
P: Ha sido accidental. Ha sido, sobre todo, conocer a Judit, que empezó a hacer los arreglos  y a través de ella trabajar con pinchas y djs… La música de El malo de la película la ha hecho ella entera.
D: ¿Y el tema de la especulación urbanística, del que hablan las reseñas de vuestra obra?
P: No fue intencionado. Un amigo nos dijo. “Hey, el personaje protagonista podría ser…”. Y de ahí se nos ocurrió. Nada más.
D: Creo que vives en un pueblo…
P: Sí, yo nunca he vivido mucho en ciudad…
D: Y ¿te ha tocado de cerca, vivir o padecer, la especulación urbanística?
P: Sí, no cambia mucho. Yo a todo el mundo que le veo con una casa le veo muy contento. No seré yo quien le diga que no se la haga…
D: ¿Y el tema del coste ecológico de la construcción? Ese debate no se está produciendo…
P: Yo creo que esto son evidencias… Ignoro si esto está como debate, no sé, lo ignoro y me la suda [cara de asombro del entrevistador]. Sobre este tema… Mira, pueden asfaltar todo el planeta. Por mí como si construyen una central nuclear en la Plaza Cataluña….
D: Vale, de acuerdo. Cambio de tema. En Canciones de amor y droga hay un verso que se me quedó grabado: “Tú qué sabes de mí, ná de ná”. Es lo que hace de alguna forma el espectador con el yonky: siempre  se cree con derecho a juzgarlo y se compadece de él, aunque no sepa nada de su vida…
P: Es que…Ummm… A todo el mundo le da pena el que es diferente a él. Esto es muy claro, ¿no?
D: También es una pena que los artistas sean juzgados tan rápido. Como le ha pasado a Robe Iniesta o a ti mismo.
P: Es así, es inevitable. Yo también juzgo a las personas. Veo a un tío en la tele un día y digo “Vaya imbécil”. Cuando sales en los medios te expones a esto. Es mejor ni pensarlo…

 El tándem Pla-Jordá

D:  Por esa razón, me gustaría hablar de uno de tus trabajos menos conocidos: la música para el documental De nens, de Joaquín Jordá, precisamente una obra que habla de cómo se juzga…
P: Sí, es una película muy guapa, muy fuerte… Estoy orgulloso de mi trabajo en esa peli. Teníamos muy buena relación, y de hecho trabajó para El malo de la película. Sale en escenas a las que yo tengo especial cariño… El cáncer que tenía era imperceptible. De hecho, estábamos preparando una escena sobre enfermedades y él nos soltó “Anda, mira, yo tengo cáncer de pulmón”. Así nos enteramos. Luego nos estuvo contando toda la enfermedad, lo que le decían los médicos… Teníamos horas y horas de grabación. Estuvimos juntos hasta una semana antes del estreno, cuando nos dijeron que se había muerto. No llegó a ver el estreno de la obra…
Judit: Se negó a hacer quimioterapia. Jordá decía que él quería vivir la vida hasta el último momento como él quería vivirla.
P: Le dijeron que le quedaban dos meses de vida, y que si no se sometía al tratamiento iba a sufrir, le dijeron los médicos. Pero al final vivió un año más.
D: Jordá es el típico del artista que no ha recibido los homenajes que se merecía…
P: Sí, está claro. Cuando salió De nens en el Festival de Cine de San Sebastián,  Medem también estrenó su película, el documental sobre la ETA…
D: La pelota vasca
P: Sí. Y todo el mundo hablaba de la polémica acerca de la película de Medem y, mientras tanto, en el mismo Festival, en San Sebastián, se estaba pasando la película de Jordá, y en ella salían imágenes censuradas y en trozos de mis canciones ponían pitos. En serio. Pitos. Toda la película censurada delante de todo el mundo, y la gente hablando de la libertad de expresión sobre la peli de Medem mientras en la sala de al lado estaban proyectando un documental censurado, que, para mí, es la mejor película del… No sé si del año, pero es cine de verdad.
Judit: Libertad de expresión…

 La cocina de Pla

D: Otra constante de tu trabajo es el disfraz, o la figura del personaje, que aparece en El malo de la película. Ya apareció en tu obra anterior; también en Supone Fonollosa… Sin embargo, parece que una gran parte del público piensa que todo lo que cantas te pertenece personalmente y te identificas con ello, cuando a lo mejor un artista es, de alguna forma, siempre un actor.
P: No lo sé. La verdad es que yo lo que canto me lo tengo que creer. Y lo digo francamente. También digo cosas que no creo,  pero no está en mi personaje… No estoy actuando, siento lo que estoy expresando.
D: Has dicho en otras ocasiones, que no buscas provocar cuando escribes, que de alguna forma no quieres simplemente limitarte, ponerte barreras. ¿Estás de acuerdo con eso?
P: Hombre, la verdad es que cuando haces una obra suele empezar porque, simplemente, te sorprende a ti mismo la idea y te hace gracia. Tampoco piensas en lo que quieres buscar… La provocación ni la buscas ni es una herramienta. A mí historias de “chico busca chica” no se me ocurren porque no me motivan. Sin más. A lo mejor  se me ocurre “perro quiere perra” y “gato quiere gata”, y a lo mejor ahí me lanzo… Pero se te ocurren las canciones porque te divierten a ti mismo, porque te salen de forma natural, no porque las quieras enseñar a alguien… Es una cosa que no puedes controlar. Sale. Y tú disfrutas arreglándola, ordenándola… Y al cabo de un año sale. O de un mes. O no sale nunca.
D: El rap también es, como la tuya, una música deslenguada y sin barreras. Sé que trabajaste con un rapero, Javier Ibarra  en el álbum Veintegenarios en Alburqueque. ¿Te sientes próximo a las ideas musicales del rap?
P: El rap y esas cosas americanas no me llaman. No me interesa.
D: Lo digo porque a pesar de que no les pongan ni un vídeo ni les hagan mucha promoción es una música que conecta con mucha gente.
P: Sí… Los americanos siempre consiguen su objetivo.
D: Dos últimas cosas. Te quiero preguntar si te consideras un artista censurado, si te alguna forma te invisibilizan, como se ha dicho muchas veces de ti.
P: Yo mismo me invisibilizo y me oculto… A mí no me apetece salir en ciertas plataformas.
D: Por último: ¿hay algún tabú del que no te atreverías a cantar? No sé, el incesto…
P: No, no, al contrario. Si se me ocurre un tema nuevo, descuida que hablaría de él.

Paramos la entrevista. Nos pide disculpas por tener que irse y añade un breve “Venga, chicos, nos vemos luego”. En el camerino donde hemos estado los espejos están por todas partes.