La manipulación informativa y política que intentó darse a los sucesos ocurridos el pasado fin de semana en Alcorcón (sobre todo, el 20 y el 21 de enero) ha chocado con varios factores que, por suerte, limitaron el efecto de los medios, como intentaré explicar. Basándonos en las teorías de John Zaller, (recogidas y explicadas por Sampedro, 2000*), hemos seleccionado cinco reglas para explicar  (y para defendernos de) la manipulación informativa.

1. La experiencia

Aunque parezca una obviedad, no deja de ser una de las variables más importantes a la hora de reducir el poder de los medios de comunicación: la experiencia que uno tenga sobre el tema del que los medios se ocupen, determinará considerablemente la credibilidad que le demos a la información. Cuanto mejor conozcamos, o hayamos experimentado ciertos hechos, más atentos y más receptivos estaremos sobre la información que se dé sobre ellos. Es decir: cuanto más sepamos de algo, más difícil resultará que seamos manipulados sobre esos hechos. Si vivo en Londres, por ejemplo, y no conozco España ni Alcorcón ni sus barrios, y leo la noticias que le han dedicado todos los periódicos nacionales a las peleas entre jóvenes del pasado fin de semana, es más que probable que me crea lo que dicen los medios; si, en cambio, vivo en Alcorcón y conozco la zona de los incidentes y algunos de los implicados, seguramente tenderé a desconfiar de la información dada, y preguntaré a mis compañeros de barrio, a mis “fuentes de experiencia”, a las que seguramente asignaré muchísima más credibilidad que a los periodistas.

2. Intereses y posturas previas

La segunda variable que me afectará para decidirme por una información u otra será mi propia postura ideológica, la idea que ya tenga para poder explicar los hechos. Desconfío, por tanto, de las informaciones contrarias u opuestas a mis conocimientos. Si tiendo a creer, por ejemplo, que los medios exageran incidentes como los de Alcorcón porque les proporcionan rentabilidad mediática, desconfiaré de la información proporcionada, porque pienso que ya se está produciendo una manipulación; si creo que la inmigración es uno de los grandes problemas que tiene España (ocupa el 2º lugar en las preocupaciones de los españoles según el CIS), y creo, previamente, que los inmigrantes o las bandas latinas abundan, tenderé a creerme las lecturas políticas o mediáticas que se hagan en ese sentido (un problema de bandas y de inseguridad policial, según algunos; un problema de racismo latente, según otros). El peligro, claro está, es que son los medios masivos los que despiertan o sugieren semánticamente dicha interpretación, aunque los hechos referidos estén sostenidos sobre invenciones (el “Informe sobre bandas juveniles en Alcorcón”,  que llevó a algunos medios a afirmar que había más de mil jóvenes violentos en Alcorcón, se basaba exclusivamente en entrevistas y opiniones. No había ni un solo dato policial ni una estadística rigurosa que pudiera confirmar las cifras que circulaban por los medios el pasado miércoles y jueves).

Vietnam, abierto en canal

3.Opiniones masivas

El factor más decisivo a la hora de dirigir una opinión sobre un tema sobre el que no tengo una idea clara (regla 1), ni tampoco una postura previa (regla 2), serán, claro, las opiniones más comunes o más extendidas sobre dicha idea. Si sólo recibo opiniones en un determinado sentido o postura, no dudaré lo más mínimo de la opinión mayoritaria, que será a su vez reforzada por los medios (que siempre jugarán con la opinión mayoritaria de sus audiencias). Si no sé lo que ha pasado en Alcorcón, pero cojo cualquier periódico el pasado lunes 22 de enero, pensaré que en Alcorcón bullen las bandas juveniles y violentas, porque fue la única visión que se dio al respecto (pero es que, además, todos coincidieron en mezclar las noticias de Alcorcón con los incidentes de “kale borroka” en el País Vasco. Conclusión masiva: la “kale borroka” y las “bandas latinas” son fenómenos comparables… Triste, pero pasó.)

Por otra parte, habría que preguntarse qué parte de responsabilidad tienen esas opiniones masivas o mayoritarias no sólo en condicionar la opinión pública, sino también en crearla. Aunque suene tremendo, creo que el efecto-llamada y el tratamiento-espectáculo que dieron los medios a los incidentes en Alcorcón es en gran parte la causa por la que los jóvenes acudieron en masa el pasado domingo (21 de enero), y este mismo fin de semana (27 y 28 de enero). Un grupo de jóvenes convertidos en fenómeno mediático… ¿Cómo resistirse a la llamada de los focos y las imágenes?

4. Argumentos contradictorios o dudas razonables

Finalmente, si esas opiniones masivas empiezan a debilitarse porque aparecen informaciones que las contradicen o niegan, entonces la opinión pública puede escoger entre varias interpretaciones, hasta llegar a una postura más cercana a sus conocimientos previos (regla 2), o a sus principios morales. Si empiezo a ver que el miedo que me metieron los medios y ciertos políticos era infundado, y empiezan a aparecer opiniones y hechos que lo demuestran, entonces la opinión pública comenzará a cambiar y a dirigirse lentamente hacia una nueva opinión masiva y conciliadora con la realidad . No olvidemos la regla 1: por mucho que mi ideología me condicione, ésta tiene que ponerse a prueba con la propia experiencia, así que, por ejemplo, por más que creyera ciegamente que Hussein tenía armas de destrucción masiva, cuando he visto opiniones masivas que lo desmentían y que (a causa de ellas) hasta el señor Bush ha reconocido que no existían tales armas, entonces no me quedará más remedio que reconocer que, efectivamente, las armas de destrucción masiva no existían. Ahora, y ésa es la cuestión fundamental, ¿cuándo comienzan a aparecer las opiniones críticas?** ¿cuándo surgen las visiones que se oponen a ciertas opiniones masivas, como el supuesto poder de las “bandas latinas” en Alcorcón? En tiempos de campañas pre-electorales, y con un estupendo relato que combina inseguridad e inmigración, va a ser difícil***

5. ¿Se me entiende?

Y, por último, (Zaller no lo dice, pero yo lo añado), hay que incluir el factor del registro o del tipo de discurso que estamos utilizando para transmitir opiniones críticas. Si queremos contrarrestar opiniones masivas, que están jugando con relatos y con marcos informativos, nosotros no podemos apelar ni al análisis (lo que limita su difusión, como este artículo) ni a códigos que exijan un conocimiento previo de su argot (como pasa con mucha información crítica, ¿o no?). Tenemos que jugar también con relatos y con noticias, descargadas de todo signo de tribu, para dirigirnos a la audiencia más amplia posible. Pienso, por ejemplo, en cómo ciertas imágenes o fotos condensan ideas de resistencia. Como dice un personaje de la última película de Eastwood: “perdimos la guerra de Vietnam cuando apareció aquella foto de un marine levantando la tapa de los sesos a un muchacho. Ahí fue cuando perdimos la guerra”. Pues eso: vamos a esmerarnos en que perdáis todas las guerras.

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*Opinión pública y democracia deliberativa, Víctor Sampedro, Istmo, 2000, Madrid. También buena parte de las intuciones y ejemplos de este artículo se deben a él.

**Una de las razones por las que se perdió la guerra de Vietnam, según Zaller, fue por la  gran cantidad de informaciones críticas y negativas sobre el papel del ejército americano en su supuesta “liberación” del país.

***Si ciertos medios convencen a la opinión pública de que los dos problemas más graves de Madrid son la inseguridad y la inmigración, y a la vez transmiten la idea de que el PP es el partido que daría mejor solución a los mismos, han conseguido su objetivo: rentabilizar políticamente una noticia, sin importar si ésta se basa en datos falsos o en soluciones erróneas. Y peor aún: han silenciado mientras tanto otros problemas sociales acuciantes.

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