El último anuncio de SEAT Altea pone de manifiesto que la publicidad con gusto infantil despierta al principio el deseo de que la vida doméstica imitara la imaginación de los niños. Después de un rato, se le ocurre a uno pensar en otras posibles lógicas de sentido de tan sugerente historia de juguetes y huidas.

¿Son los niños el público potencial de este anuncio? ¿Por qué utilizar a los juguetes, convertidos en animales de un arca de Noé con ruedas, en los principales protagonistas de un turismo familiar?

Se me ocurren, por el momento, dos motivos. Primero: el coche se asocia con un rasgo de la edad de la inocencia y la nostalgia por lo infantil, una característica que nunca falla en la psicología infantilizada y caprichosa del consumidor sin atributos (pienso en la Gala de 50 años de TVE de RTVE de ayer y sus homenajes ilimitados a las canciones de la publicidad); segundo, el coche aparece dentro de la historia narrada como un espacio de refugio y salvación (un arca de Noé, como decíamos) frente a los tiempos de catástrofe, de Polonio y de anomia social que han llegado a la Europa del supuesto bienestar.

Al final los juguetes (aunque ellos se llaman a sí mismos “animales”, en nuestra estupenda era de Toy Story) huyen de la habitación infantil y se refugian en el maletero del coche tarareando la canción… Atrás queda el niño y los deseos y la imaginación; al volante, el consumidor, que se cree niño, aunque haya sustituido todas las historias inventadas de pequeño por el placer tangible del objeto material.

¿Más posibles interpretaciones?

 

Anuncios