TelevisionOtra televisión (social) es posible. Cuando se emitió el programa Voces contra la globalización (los domingos, a las 22 h, en la 2) pensé en escribir un artículo sobre la cantidad de formatos y géneros y programas televisivos de corte social que se podrían hacer y que siguen escondidos o marginados en la parrilla televisiva, para terminar felicitándonos por la aparición de programas como Voces contra la globalización. Pasados unos días, cambié por completo de opinión. Creo que hace falta discutir y debatir sobre el formato de los programas con  temas sociales. Sirva esta entrada del blog para iniciar dicha discusión, que exige comentarios y diálogos de sus lectores.

1. La tele no son sólo los gustos del público (como a algunos les gustaría)

Bien, en primer lugar, no está claro que todos sepamos qué significa eso de televisión “social”. En cierto sentido, muchos afirman que la tele siempre es social, queramos o no: responde a unos gustos y fobias de la sociedad, la tele intenta (o simula) reflejar el espectro social y siempre se escuda en argumentos de opinión pública para defender los criterios de selección de sus contenidos. “Le damos al público lo que quiere”, ruge el directivo de la cadena. O: “El público manda, él elige lo que quiere”. No es tan sencillo, creo. Ni el público elige lo que quiere, ni los directivos de las cadenas logran colar todos los programas que les gustaría. Detrás de la falacia de la supuesta “libertad de las audiencias” se esconden, por ejemplo, otros motivos, que deberíamos desgranar despacio. ¿Por qué razon, por ejemplo, incluir tanta publicidad, si el público la rehuye de los espacios asignados y en muchas ocasiones se la encuentra insertada en los propios programas de ficción, como un elemento decorativo más? Si el público elige, ¿por qué no borrar la información sobre los discursos de los políticos, si tanto aburren y espantan a las audiencias? (véase The newspaper kills me, en este blog)

Es curioso cómo la información política se ha mantenido en todas las cadenas, y en prácticamente todas las franjas horarias, sin grandes cambios ni en los enfoques, ni en los planteamientos ni en la selección de noticias. Si las audiencias mandan, ¿por qué no hay telediarios más diferentes entre sí, con contenidos divergentes, con noticias que no se repitan entre una cadena y otra? Al menos eso permitiría que el público pudiera escoger qué tipo de noticias quiere oír, y no las mismas noticias una y otra vez interpretadas por los mismos actores políticos.

2. La tele busca a la audiencia masiva, no a las audiencias minoritarias

Así que no está tan claro que la televisión, tal como la conocemos hasta ahora, esté respondiendo a los gustos de las audiencias. Un último argumento: los programas más caros se destinan a las franjas horarias con mayor audiencia. La razón se encuentra en que las productoras televisivas se aseguran mayor número de televidentes, más ingresos por publicidad y, por tanto, mayor impacto televisivo. Al final, por tanto, no hay argumento de gustos, sino de números, de cantidades y de rentabilidad económica. La televisión es un medio optimizado, exprimido y, si se permite la metáfora, de especulación de sus audiencias, pues no importan los géneros ni los contenidos con los que se logre el aumento de esa cota de audiencia.

Debido a esta lógica de producción y de mercadotecnia, hay productos para grandes audienicas, pero pocos, o muy pocos, para audiencias minoritarias, aunque todos formemos parte de éstas en numerosas ocasiones (a mí, por ejemplo, me gustan los cómics, y jamás soy informado de obras o dibujantes o personajes de cómic si no es a causa de una película que adapta un cómic). Las audiencias minoritarias, por tanto, también formarían parte de los llamados “gustos del público”, y, sin embargo, son marginadas reiteradamente. Lo curioso, como comentaremos después, es que cuestiones tan relevantes como la globalización, la marginalidad o el desempleo entre jóvenes (temas sociales por antonomasia) sean tratados de una manera tan minoritaria o con un enfoque minoritario, como defenderemos después.

3. La tele social también produce audiencias, que no se nos olvide.

Y si la máxima que afirma “No importan los contenidos ni los géneros de la televisión, sólo lograr audiencias” fuera cierta, ¿por qué no captar aún más audiencias interesadas en temas o contenidos sociales? El relativo éxito, o al menos la supervivencia, de programas de televisión como Línea 900, El escarabajo verde, En portada o Documentos TV (casi todos en la 2) y la llegada de otros como Callejeros (en el canal 4) nos recuerda que existe un público que sigue estos contenidos y que reclama otros similares. Ahora bien, ¿los temas sociales sólo pueden tratarse desde estos programas y con estos enfoques? Lo que he llamado “tele social” ¿sólo tiene cabida en los canales abiertos mediante documentales y programas de debate? El programa Voces contra la globalización seguiría este tendencia.

4. La tele social quiere crecer

En  Voces contra la globalización, aunque vemos y escuchamos contenidos y discursos interesantes (o al menos para el que esto escribe), el enfoque y la producción del programa, ciertamente, no puede ser más conservadora y clásica: un conjunto de entrevistas unidas por rótulos que anuncian las preguntas planteadas a los interlocutores, junto con pocas imágenes en movimiento, casi todas ellas tomadas de documentales ajenos. ¿No se ha podido fabricar un programa más entretenido? ¿Es que es necesario que los contenidos sociales sean tratados de la misma forma, esto es, a través de la entrevista al intelectual? El resultado, me temo, cumple sus objetivos, pero se cierra su potencial difusión demasiado pronto: se dirige a un público que conoce qué es la antiglobalización y sus críticas, y por ello rehuye un propósito más alto: dirigirse y captar a las audiencias que desconocen la jerga técnica, que están sensibilizadas con el tema y que, sin embargo, no manejan los conceptos esgrimidos.

He ahí, creo, uno de los retos de la televisión social: hacer formatos, programas, productos que sean críticos,  que saquen temas que preocupan a nuestra sociedad y que, a la vez, sean atractivos para las audiencias, productos que puedan apelar a públicos potenciales, y no ya construidos o convencidos, como siguen las pautas clásicas. Imaginemos, por ejemplo, el caso de algún actor de moda que aceptara trabajar unas semanas en una factoria textil en la periferia de Tánger para que pudiera contarnos su propia experiencia. O mejor aún: un debate con ciudadanos españoles que tengan una hipoteca hasta las cejas, y en el que interviniera el director del Banco de España o algún constructor que hablara de las ventajas de la subida de los pisos… Creo que aún queda mucho para que la tele social crezca y se dirija a las grandes audiencias, pero, creo, y ese debería ser el último epígrafe, que la tele social debe dejar atrás la tele de los intelectuales, es decir, que los temas sociales que más preocupan a los españoles (vivienda, paro, sanidad, por ejemplo) no fueran tratados siempre mediante el debate, la entrevista y la reflexión teórica (como en la sección de Tribuna o de Opinión de ciertos periódicos). También queremos relatos impactantes, más hipodérmicos, más viscerales y, sobre todo, de mayor difusión.

Volviendo al tema de Voces contra la globalización, a lo mejor el gran reto es emprender un proyecto titulado “la globalización explicada a los que no la conocen”. Pues bien, diseminemos retazos de esa idea dentro de los programas diarios, esos que parecen tan inofensivos, esos que parecen tan apolíticos y que tienen unas audiencias que viven y conocen muy de cerca el coste real de la inflación o de la subida de las hipotecas.

Seguimos otro día.